De la guerra, la tregua y los atentados

De la guerra, la tregua y los atentados

En los últimos años he dedicado parte de mi tiempo a un oficio muy doloroso y muy triste: a contar la guerra, a registrar las acciones y campañas de la fuerza pública, de la guerrilla y de los paramilitares y bandas criminales, a numerar muertos, heridos y desplazados. A evaluar cada tregua o cualquier disminución, por leve que sea, del conflicto. Lo hice en la Corporación Arco Iris, lo hago ahora en la Fundación Paz y Reconciliación. Lo hice también en el Grupo de Memoria Histórica que dirigió Gonzalo Sánchez. Espero con una ansiedad de demonios que termine esta confrontación armada para dedicar mis días a cosas más amables.

Es angustioso y es difícil, tremendamente difícil. Porque el nervio de la guerra es la estratagema, es el engaño. Ninguno de los protagonistas de un conflicto narra lo que va a hacer o lo que hizo como si esbozara los planes de una obra pública o rindiera cuentas de un legítimo y próspero negocio. Se simula un ataque y se realiza otro, se exageran los triunfos y se minimizan las derrotas, se esconden con obsesión las acciones sucias y degradantes, se le atribuyen al enemigo las operaciones más infamantes, las más indebidas, las más repudiables. Es una lógica inapelable de los contrincantes. Es la esencia de la guerra. La verdad es dolorosamente elusiva y la independencia de quienes nos dedicamos al análisis de la confrontación es apenas una bella ilusión. Pero, aun así, hay que intentar la distancia, hay que buscar la aguja en el pajar, es una necesidad ética y social descifrar, sin subordinación a ninguno de los bandos, lo que está ocurriendo en ese lugar oscuro que es la guerra.
Vamos al ejemplo de la reciente tregua. Las Farc dicen que cumplieron a cabalidad el cese unilateral de hostilidades entre el 15 de diciembre y el 15 de enero, y el ministro de Defensa dice que el cese fue una mentira más de la guerrilla. La ciudadanía, como es lo lógico, tiende a creer en la voz oficial que tiene un argumento simple y directo: es constatable que hubo acciones de la guerrilla en ese tiempo. Los simpatizantes de la insurgencia, por su lado, se sentirán más cómodos con la versión de las Farc y dirán que los incidentes armados que hubo obedecieron, seguramente, a labores defensivas de la guerrilla. Podíamos quedarnos con esas dos versiones y todos tranquilos. Pero esa no puede ser la actitud de analistas y estudiosos del conflicto.
En la Fundación Paz y Reconciliación hicimos nuevamente el seguimiento del accionar de las Farc a lo largo de 2013 acudiendo a las fuentes oficiales, a los partes de la guerrilla, a los periódicos regionales y a las visitas a terreno en los lugares más conflictivos del país y establecimos que esta organización tuvo un promedio mensual de 182 acciones, entre las que se destacaban una ofensiva inclemente contra la infraestructura energética del país. En cambio, en el mes de tregua tuvieron cuatro acciones ofensivas, se vieron involucradas en 12 acciones en las que la fuerza pública tuvo la iniciativa e hicieron presencia en otros cuatro incidentes en los que no se sabe a ciencia cierta quién estuvo a la ofensiva. Decimos entonces que la guerrilla cumplió en un 95 por ciento la tregua. Se salvaron muchas vidas. Se aminoraron las pérdidas económicas. Se respiró alguna tranquilidad en la Navidad, que es un tiempo especial para el mundo católico.
Horas después de la finalización de la tregua unilateral vino un grave atentado en el municipio de Pradera, en Valle, con un muerto y más de 50 heridos, todos civiles. Una acción de crudo terrorismo. El ministro de Defensa salió inmediatamente a responsabilizar a las Farc y al momento de escribir esta columna la guerrilla no había reconocido el hecho. Quizá sean las Farc las autoras, pero difícilmente lo van a aceptar por la abierta violación al derecho humanitario que implica. Existe una posibilidad menor de que no sea la guerrilla y a mí me gustaría investigar para saber si el frente sexto está o no en esta línea de terrorismo.
En todo caso las repercusiones en la opinión de este atentado tendrán que indicarles a las Farc que es casi imprescindible decretar una tregua unilateral durante la campaña electoral para evitar una lesión muy grande al proceso de paz.

 

Columna de Opinión publicada en Revista Semana


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Artículo por: Juan Diego Castro @ | Publicado: Hace 4 años

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