La nueva estrategia de Petro
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3 mayo, 2018

La nueva estrategia de Petro

Por: Jorge Andrés Hernández, Coordinador de la Línea Democracia y Gobernabilidad-Pares 

En pocos meses, el candidato Gustavo Petro ha pasado de ser el candidato de la izquierda no marxista a convertirse en el candidato de la inmensa mayoría de la izquierda (incluida la marxista), como de amplios sectores sociales e ideológicos de la nación. Con ello ha logrado encarnar la insatisfacción, el hastío y la indignación de gentes muy diversas. ¿Cómo lo ha logrado? Existen muchos elementos. En primer lugar, ha cultivado la imagen de perseguido que le brindó el Establecimiento durante su periodo como Alcalde Mayor de Bogotá, cuando fue sometido a un intenso fuego de oposición mediática, fenómeno nunca antes visto. La destitución por parte del Procurador Ordóñez, firmada por el Presidente Santos, confirmó la idea de que muchas fuerzas poderosas (los poderes fácticos) harían todo para detenerle. Las concentraciones populares de aquellos días, que llenaron varias veces la Plaza de Bolívar, delataron que algo hondo estaba ocurriendo. Ningún líder político contemporáneo de Colombia lo había logrado.

Desde las elecciones de marzo, Petro ha reconducido su estrategia. Convencido de que el país carece de mayorías sociales de izquierda, se ha lanzado a atraer muchos sectores sociales. El nombramiento de Ángela Robledo como candidata a Vicepresidenta acentuó el desgarramiento interno del Partido Verde, dividido entre el centrismo deslactosado de Fajardo y el clamor por una amplia coalición de centro-izquierda, a la que se opusieron decididamente Claudia López, Jorge Enrique Robledo y el mismo Fajardo. Ellos apostaron porque la propuesta centrista atraería a amplios sectores sociales, pero ocurrió lo contrario: es una candidatura para sectores urbanos y educados de clase media, para un gueto social minoritario. Paradójicamente, la mayor parte del Polo Democrático, que Robledo debía seducir para alimentar la candidatura de Fajardo, va a votar por Petro. En últimas, es una ironía del destino (y muy difícil de explicar a los simpatizantes del Polo) que Robledo y Aurelio Suárez hayan ejercido una oposición sistemática a la alcaldía de Petro, calificada de neoliberal, tibia y no suficientemente de izquierda, y ahora pidan el voto a un candidato como Fajardo, tan gaseoso y poco arriesgado a desarrollar políticas de liberalismo social en sus periodos como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia. Y esas contradicciones de la Alianza Verde y del Polo son ahora aprovechadas por Petro, que ha capturado buena parte de ese espectro político.

En las últimas semanas, Petro ha ampliado los contornos de su discurso para acercarse al histórico liberalismo social, consciente de que su candidatura ha crecido especialmente en las zonas afectas a ese pensamiento. Y así ha incluido progresivamente en sus discursos las referencias a la Revolución en Marcha de López Pumarejo, al inmolado líder Jorge Eliécer Gaitán (el septuagésimo aniversario de su sacrificio se conmemoró hace unas pocas semanas) y al otro inmolado líder del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán (pronunció un discurso en Soacha, donde fue asesinado, y le rindió homenaje). Pero si esos coqueteos con el liberalismo social colombiano, que se ha convertido con el paso de las décadas en una promesa incumplida, aún busca su realización (el liberalismo es una agremiación de caciques electorales que han renunciado al proyecto político liberal), el clímax de la apertura del discurso petrista se concreta en su inclusión de dos tesis esenciales de Álvaro Gómez Hurtado: continuar la lucha contra “el régimen” y generar espacio político para un “acuerdo sobre lo fundamental”. De este modo, Petro aspira a atraer sectores conservadores indignados con la marcha del país. Cosa que está ocurriendo.

Finalmente, Petro ha reconocido en público que es creyente y se ha dejado fotografiar con un crucifijo, que ahora parece llevar consigo de modo permanente. Con ello acepta una realidad sociológica: el 97% de los colombianos son creyentes y la secularización sigue siendo un proceso parcial y fragmentario. De este modo concreta en su candidatura la tesis del fundador y comandante histórico del M-19, Jaime Bateman: representar “el sancocho nacional”, la pluralidad de ideologías y concepciones del mundo que habitan en Colombia. Con la perspectiva de generar una corriente de transformación social. Que eso sea posible es una cuestión que solo el tiempo podrá responder. Mientras tanto, Petro sigue llenando plazas en todo el país y ha generado una marea humana que tiene asustadas a las élites políticas y empresariales, incapaces de comprender aún lo que allí está ocurriendo…

 

P.S.: El fenómeno político de Petro ha dejado sin palabras a muchos de los analistas electorales. Cuando muchos habían predicho, con base en metodologías tan cercanas a las del Indio Amazónico o a las de costosísimos astrólogos del norte de Bogotá, que su techo electoral sería del 30% de los votos, ahora deben acudir a múltiples malabares para explicar lo que está ocurriendo. Sin éxito…


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Artículo por: Valentina Pèrez Botero @vpbotero | Publicado: Hace 1 año

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