No hay peor ciego que el que no quiere ver

10 julio, 2018

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Por: Daniela Gómez, Coordinadora Democracia y gobernabilidad-Pares

En su primer discurso como presidente electo, Iván Duque aseguró haber obtenido la más alta votación en la historia de Colombia. Aunque esto ha pasado desapercibido por la opinión pública, tal vez por su evidente imprecisión y relatividad, resulta revelador para los pronósticos de lo que será el próximo gobierno. Y es que como asegura Maquiavelo, “los hombres se complacen tanto en sus propias obras, de tal modo se engañan, que no atinan a defenderse de aquella calamidad”.

La adulación por parte de los miembros del Centro Democrático hacia Uribe y sus políticas ha sido unánime; el partido se ha edificado alrededor de su figura y a aquel que osa criticarlo o ponerlo en duda, parece convertirlo en su enemigo. No obstante, algunas de las cifras presentadas en sus gobiernos, por lo general de forma parcial,  dejan mucho que desear al ponerse en perspectiva. Por poner un ejemplo, en el informe del ministro de defensa al congreso del año 2007, se aseguraba que desde el inicio de la implementación de la seguridad democrática el número de miembros de la guerrilla había pasado de más de 20 mil a 16 mil, a partir de la puesta fuera de combate de más de 41 mil de sus miembros.

Número total de miembros de las guerrillas a 2002 20.600
Número total de miembros de las guerrillas a 2007 16.000
Guerrilleros capturados entre 2002 y 2007 25.486
Guerrilleros abatidos  entre 2002 y 2007 8.799
Guerrilleros desmovilizados entre 2002 y 2007 7.988
Total de guerrilleros puestos fuera de combate 41.252

 

Cifras más cifras menos, esto significa que en dicho periodo las FARC y el ELN, guerrillas que el gobierno presentaba como diezmadas y replegadas a sus zonas de retaguardia, tuvieron la capacidad de reclutar 25 personas al día… lo cual resulta difícil de creer.  Con las AUC sucede algo muy similar. Al inicio del gobierno de Uribe este reportaba aproximadamente 12.000 miembros de dicha organización; del 2002 al 2006 se reportaron 17.992 miembros abatidos, capturados o desmovilizados individualmente, no obstante, al finalizar el proceso de desmovilizaciones colectivas, este grupo resultó con 31.671 miembros, 10 mil más que las FARC y el ELN juntos en su momento de mayor apogeo (2002), ¿cómo pudo ser esto posible?. La cifra de cultivos ilícitos es otro de los muchos ejemplos, pues mientras en el 2006 los Estados Unidos reportaban un alza sin precedentes en los cultivos de coca (misma fuente que registra la cifra del actual gobierno que tiene alarmada a la opinión pública), el gobierno aseguraba que estos habían disminuido.

Y aunque lo pasado ya pasó y quisiera suponer que un gobierno técnico, incluyente y joven como el que pretende proyectar el presidente electo permitirá evaluar los éxitos y retos reales de políticas y enfoques anteriores, la enfermedad de la adulación que manifiesta él y  su bancada parece no tener cura y por tanto, me lleva a suponer que será la marca del expresidente Uribe la que dejará el próximo gobierno, como ya lo demuestra la continuación de su estrategia comunicativa: presentar cifras a medias y sin contexto. Haz lo mismo y obtendrás los mismos resultados, pensará Duque, yo le agregaría, haz lo mismo en el mismo contexto y obtendrás los mismos resultados. La Colombia de hoy, claramente, no es la misma del 2002, incluso no es la misma de hace cuatro años; las preferencias de los colombianos cada vez son más diversas, más opuestas a las tendencias extremistas y la información corre de forma libre por la web, empoderando cada día a más ciudadanos.

Con una simple búsqueda en google se puede por ejemplo comprobar que en realidad la más alta votación en la historia reciente de Colombia (1982-2018) la obtuvo Juan Manuel Santos en el 2010, apoyado por el 30% de las personas habilitadas para votar, seguido por Andrés Pastrana e Iván Duque con 29%. También, que el plebiscito para refrendar el proceso de paz apenas tuvo una participación del 37% del censo y la diferencia entre el No y el Sí fue de 0,43%, es decir en el país no ganó el No, ganó la deslegitimación del sistema político y el desinterés de los ciudadanos en la materia.  Otra búsqueda simple me permite saber que la movilización social va en aumento desde que se firmaron los acuerdos de paz con las FARC e incluso desde antes (FIP; 2016) y que lo hace a la par que el asesinato de líderes sociales y el repudio masivo de estos actos por parte del pueblo colombiano. Las masacres hoy no se esconden, e incluso se hacen virales las viles amenazas que sufren comunidades en territorios tradicionalmente aislados del país. Es decir, aunque no votamos, los colombianos si nos movilizamos y accedemos a los datos.

Duque ganó, pero es probable que sus votantes e incluso los partidos que adhirieron no apoyen todas sus propuestas. El ejemplo de algunas de las capitales del eje cafetero es paradigmático: Fajardo, defensor del proceso de paz y la lucha anticorrupción, dobló en votación a Duque en primera vuelta (donde se supone la gente elige el candidato que más le convence), pero para la segunda vuelta (donde se elige el “menos peor”), Duque derrotó a Petro con un amplio margen. Uribe representa un ala extrema de la política de derecha, está pues en manos del presidente electo continuar su enfoque o implantar uno propio y progresista. No obstante, como dicen por ahí, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y creo que a estas alturas el uribismo no solo maquilla y saca de contexto las cifras sino que a la larga, se las terminó creyendo.


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Artículo por: Daniela Gómez @ | Publicado: Hace 2 meses

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