Fracking a fondo

20 septiembre, 2018

Fracking a fondo

Por: Alexander Riaño, coordinador de la Línea Conflictos Asociados al Desarrollo – Pares 

     

El 2018 marca un punto de quiebre para la discusión sobre el sector minero energético en Colombia y, en especial, para la industria de los hidrocarburos. Además de la anunciada decisión de la corte constitucional sobre consultas populares que está en la puerta del horno, este año el fracking adquirió gran importancia en la agenda pública nacional. Se trata de un debate tremendamente complejo sobre el cual el nuevo gobierno deberá tomar decisiones. PARES presenta el primer artículo de una serie de entregas donde analizaremos a fondo las implicaciones de la explotación de Yacimientos No Convencionales:

Como desastre, como necesidad o como una gran oportunidad. Estas tres categorías agrupan los distintos discursos y narrativas que existen sobre un debate central para Colombia: la explotación de Yacimientos No Convencionales a través de la técnica de estimulación o fracturamiento hidráulico – Fracking. Se trata de uno de los ejes centrales de conflictividad social que se posicionó como punto neurálgico de la agenda pública del país (jugando con Google Trends se identifica un pico histórico en el interés sobre el término en junio de 2018).

Desde el Gobierno nacional se levantan alertas sobre el agotamiento de reservas de petróleo y gas y su relación con la autosuficiencia energética; desde las comunidades y organizaciones ambientales se manifiesta una preocupación inmensa por los eventuales y devastadores impactos sobre los ecosistemas, las fuentes de agua y la salud de los ciudadanos; y desde los gremios y las empresas se promocionan las bondades y aportes al desarrollo de una actividad con mínimos y controlables impactos sobre el ambiente y las personas. Si cada una de estas narrativas tiene algo de razón, es de vital importancia adelantar una discusión amplia, informada y desde múltiples perspectivas que permita construir acuerdos sociales a nivel local y nacional alrededor de esta agenda de conflictividad.

Este es un debate de alta complejidad en términos políticos y técnicos. Poder entenderlo implica analizar varias dimensiones del problema como la política económica, fiscal y energética; las dinámicas de movilización y protesta social; los factores de justicia y protección ambiental; elementos de ingeniería e, incluso, dinámicas electorales. Las posiciones desde los distintos actores son altamente antagónicas y disonantes, por lo cual existe una gran presión y tentación inmediata de sentar una posición.

Este articulo se aleja de dicha pretensión por dos razones: i) porque la dimensionalidad del tema para analizar es tan grande y compleja, que dar un dictamen sería por lo menos un acto de soberbia y; ii) porque, en aras de aportar, consideramos importante tener en cuenta todos los puntos de vista y perspectivas sobre este asunto. En una serie de artículos presentaremos balance general del debate sobre el fracking en Colombia, que concluye con una descripción de los posibles escenarios que se vienen y con las preguntas que aún quedan por resolver. Esta primera entrega se concentra en explicar en qué consiste la técnica y discutir sobre uno de los temas más preocupantes, su impacto ambiental.

   

Primero lo primero: ¿qué es el fracking?

Lo que comúnmente se denomina fracking es una técnica usada para extraer los recursos energéticos de origen fósil (gas y petróleo) que están almacenados en formaciones compactas e impermeables, más conocidos como Yacimientos No Convencionales –YNC.

Para explotar un yacimiento convencional, se perfora a menor profundidad y, dado que los recursos están concentrados y a altas presiones, basta con perforar para lograr que el petróleo o el gas salgan a la superficie. Por su parte, los YNC se encuentran en depósitos no concentrados, a mayores profundidades, y la poca permeabilidad de la roca no permite que los recursos salgan de manera natural. En esta monografía de la Universidad de América pueden encontrar una descripción detallada de la estimulación hidráulica.

La estimulación o fracturamiento hidráulico es una técnica que existe desde hace un buen tiempo y se ha utilizado también en yacimientos convencionales. Sin embargo, en la coyuntura actual es importante señalar que, desde lo que se conoce como shale revolution, su implementación es iterada y en grandes volúmenes para explotar yacimientos que antes no eran rentables económicamente. Es decir, ahora se hace a mayor escala.

Para que esto sea posible se requiere la utilización de dos técnicas principalmente:

  • Perforación horizontal o direccional: técnica que permite aprovechar depósitos dispersos de manera más eficiente, al realizar perforaciones no verticales de manera subterránea. Con esto, se pueden extraer hidrocarburos en un área amplia sin la necesidad de perforar más pozos.
  • Estimulación hidráulica: que implica el uso de agua con una adición de diversos químicos y material arenoso. Para los yacimientos madre que están dispersos y encapsulados, se realizan fracturas “artificiales” pero controladas en el subsuelo, inyectando a alta presión un compuesto que tiene mayoritariamente agua y arena (entre 99.5%) y una serie de elementos químicos tóxicos y no tóxicos que sirven para distintos propósitos.

En resumidas cuentas, el fracking es una tecnología que permite aprovechar recursos fósiles de difícil acceso y que antes no eran económicamente rentables.

   

¿Por qué es tan polémico el fracking?

Este es un tema que ha sido objeto de gran controversia en Colombia y el mundo, particularmente por dos razones. La primera tiene que ver con los posibles riesgos e impactos sobre el medio ambiente y la salud. En segundo lugar, porque en el marco de la discusión sobre calentamiento global, algunos consideran que promover esta técnica retrasa un necesario proceso de transición energética que permita disminuir nuestra dependencia de las energías fósiles.

Las posibles afectaciones ambientales de la explotación de YNC pueden separarse en dos grupos: aquellas relacionadas directamente con las actividades específicas de estimulación hidráulica, y todas aquellas relacionadas con la construcción y funcionamiento de un pozo. Concentrémonos en las primeras.

Para extraer los hidrocarburos mediante fracking, una mezcla de agua, arena y elementos químicos es inyectada a alta presión en el subsuelo para generar las fracturas que hacen posible acceder a este tipo de yacimientos. Debido a esto, las principales preocupaciones de carácter ambiental han girado en torno a:

1. El consumo de agua y el estrés hídrico que puede significar en zonas en las que el agua es particularmente escasa:

Un pozo no convencional puede utilizar entre 2.5 y 7.5 millones de litros de agua. Para hacerlo comparable, esta cantidad de agua equivale a lo contenido por una piscina olímpica.

Sobre este punto la discusión es muy interesante. Los gremios, las empresas y el Estado argumentan que la actividad no implica una presión extrema sobre los recursos hídricos y que, comparado con otros sectores o actividades económicas (arroz, palma africana, ganadería), el uso del agua para el fracturamiento hidráulico es eficiente y se realizan prácticas de reutilización. Para lideres sociales y ambientales la actividad representa el desperdicio de millones de litros de agua que podrían ser usados para alimentar y sostener comunidades enteras. 

Desde ambos lados hay argumentos válidos. Si bien es cierto que el uso de agua de un solo pozo es pequeño (dependiendo de con qué se le compare), en lugares donde el agua es escasa, el volumen utilizado por las actividades de YNC puede significar un peso alto. Ejemplos de esto nos los brinda la información de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés) para diversos Estados. Además, por lo general, los pozos que utilizan el fracking funcionan durante menos tiempo que los convencionales.

Desde el lado empresarial, las prácticas frente a este reto llevan a profundizar la discusión sobre cuál es el agua que se utiliza para el fracturamiento y si es o no agua apta para el consumo humano. Desde Ecopetrol, por ejemplo, existe una división en la cual identifica fuentes de prioridad para ser protegidas (quebradas, nacederos, ciénagas) y fuentes para ser usadas, tales como aguas salinas, aguas de procesos agroindustriales, entre otras. Esto lo que hace es trascender la discusión de las magnitudes y llevarlo hacia la idea de la gestión y uso eficiente del agua.

2. La contaminación de acuíferos con gas metano: 

Este fenómeno se puede dar de manera natural o derivado de las actividades de fracturamiento. Se trata de una de las imágenes más viralizadas en internet cuando se investiga sobre el tema.

Sobre este riesgo, el profesor Dani Raimi de la Universidad de Michigan, concluye en su libro The Fracking Debate (2017) que su probabilidad es baja y que se puede superar con mayor control y regulación, a la par de mejoras en las prácticas. Para sustentar dicha conclusión, cita datos del Estado de Pensilvania en Estados Unidos señalando que con datos de 2010, la tasa de contaminación de acuíferos por cada pozo nuevo de gas o crudo es de 0.7% lo que equivale a decir que de cada 100 pozos menos de uno generó contaminación sobre fuentes de agua por metano.

También señala que el Departamento de protección ambiental de Pensilvania ha revisado las regulaciones de las empresas y desde 2010 se han mejorado las prácticas, de tal manera que en 2015 de 800 nuevos pozos de perforados con esta técnica, ninguno presentó contaminación de acuíferos.

3. La contaminación y afectación de acuíferos superficiales y subterráneos por contacto con la mezcla de agua y químicos: 

Usualmente, los casos de contaminación derivada de pozos que utilizan fracking han estado relacionados con fallos en las paredes de cemento y otros materiales construidos alrededor de la perforación para evitar filtraciones.

Sobre este punto, el tema de mayor atención es la profundidad de los depósitos shale que serán aprovechados y la protección que se hará para evitar filtraciones. Las aguas subterráneas que son de consumo humano por lo general se encuentran a profundidades entre los 500 y hasta los 900 metros. Los YNC se encuentran a profundidades que van desde los 1.000 hasta los 4.000 metros. Para minimizar las posibilidades de afectación a estos acuíferos se debe garantizar una distancia prudente y por tanto debería restringirse el aprovechamiento de YNC que estén demasiado cerca de los cuerpos de agua.

4. La disposición y almacenamiento seguro de las aguas no tratadas y que representan un potencial riesgo de contaminación de suelos y aguas:

Esta puede hacerse de diversas maneras como el almacenamiento en piscinas o la reinyección al subsuelo.

Frente a esto, la preocupación gira en torno a la posibilidad de que el fluido usado para la fracturación contamine acuíferos, bien sea por fallas del pozo o por una mala disposición de los mismos luego de ser usados. Actualmente, la técnica que se usa es reinyectarlos a grandes profundidades. Sin embargo, para el caso de Estados Unidos, se ha encontrado evidencia de sismicidad inducida derivada de la reinyección.

Sobre este tema la discusión es gigantesca y compleja desde el punto de vista técnico y científico. Quienes apoyan y rechazan el fracking presentan datos, informes e investigaciones que confirman, controvierten o matizan la magnitud de los posibles efectos sobre el agua, el aire y los suelos. En Colombia, apenas se están haciendo exploraciones para implementar esta tecnología y, por tanto, sus impactos más complejos son todavía potenciales. Luego, es imposible dictaminar a priori la dimensión que pueda tener. Sin embargo, un articulo de 2017 de la Universidad de América realiza un análisis panorámico que identifica y analiza los potenciales riesgos de la actividad, a la luz de los sistemas de gestión ambiental de la norma técnica colombiana ISO1400. 

Existen balances de información que dan partes totalmente negativos, como el trabajo de la organización Concerned Health Professionals of New York en su Compendium of Scientific, Medical, and Media Findings Demonstrating Risks and Harms of Fracking que realiza una revisión exhaustiva y ordenada en el cual recopila y reseña las principales conclusiones de múltiples análisis y estudios sobre los impactos de la actividad. Las conclusiones son preocupantes:

En conjunto, los hallazgos de investigaciones científicas, médicos y periodísticas disponibles a la fecha se combinan para demostrar que el fracking implica amenazas significativas sobre el aire, el agua, la salud, la seguridad pública, la estabilidad climática, la estabilidad sísmica, la cohesión comunitaria y la vitalidad económica de largo plazo. Los datos emergentes de un cuerpo de evidencia en rápida expansión continúan revelando una plétora de problemas recurrentes y daños que no se pueden evitar de manera suficiente a través de marcos regulatorios. No hay evidencia de que el fracking pueda operar sin amenazar la salud pública directamente o sin poner en peligro la estabilidad climática de la que depende la salud pública.

También hay reportes como el que hace David Healy de la Universidad de Aberdeen para la agencia de protección ambiental de Irlanda titulado Hydraulic Fracturing or ‘Fracking’: A Short Summary of Current Knowledge and Potential Environmental Impacts, que concluye:

Los datos publicados y revisados por pares sugieren que existe un riesgo bajo y probablemente manejable para las aguas subterráneas del fracking, mientras que los impactos potenciales sobre la atmósfera de las emisiones de metano asociadas y los riesgos de una mayor sismicidad son menos conocidos. Sin embargo, el número total de estudios científicos publicados y revisados por pares sigue siendo bajo, por lo que es prudente considerar e investigar en detalle toda la gama de riesgos posibles de las operaciones de fracking, incluidas sus magnitudes e incertidumbres, y los posibles impactos ambientales de estos riesgos en la explotación de gas de esquisto.

Esto es apenas una pequeña muestra del mar de información y conclusiones, en principio contradictorias, que se encuentran cuando se busca información más precisa sobre los impactos de la extracción de gas y petróleo de YNC en otras partes del mundo.

   

Espere las siguientes entregas en pares.com.co sobre: Los lugares con mayor potencial e interés para fracking, la perspectivas de seguridad y transición energética, regulación de la actividad, Estados Unidos y la revolución shale y Fracking: un análisis desde el concepto de glocalidad.

    


Desde la línea de conflictos asociados al desarrollo, la Fundación Paz & Reconciliación ha estudiado e incidido en el debate público sobre el aprovechamiento de los recursos minerales y energéticos, entendiendo que se trata de un tema de gran relevancia para el país y sus territorios. Desde la perspectiva de la transformación de conflictos, la sostenibilidad y la gobernanza del desarrollo hemos aportado al debate nacional y regional, a la vez que hemos promovido ejercicios de diálogo multi-actor bajo condiciones de equidad. Por esta razón, consideramos importante aportar a esta discusión realizando una primera aproximación desde una visión holística.


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Artículo por: Alexander Riaño @alexrianom | Publicado: Hace 3 meses

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