El viaje con escala de Brasil hacia la extrema derecha

21 octubre, 2018

El viaje con escala de Brasil hacia la extrema derecha

Por: León Valencia, director – Pares

   

Dice Fernando Henrique Cardoso, en su columna del 20 de octubre en el diario El País de España, que ya no se puede hacer nada para evitar el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones brasileñas, señala que el tema ahora es el futuro del país. Ha sido un viaje, con una escala, de Brasil hacia la extrema derecha. La escala fue la presidencia de Michel Temer, el vicepresidente de Dilma Rousseff, quien se hizo al puesto en una azarosa conspiración al interior de un Congreso sacudido por escándalos de corrupción.

El vuelo empezó con los indicios de una utilización aviesa de grandes sumas de dinero pertenecientes a Petrobras, la gigante petrolera, por parte de funcionarios públicos de los gobiernos de Lula y Rousseff y directivos del Partido de los Trabajadores. La corrupción ha sido la gasolina del incendio de un gran proyecto político de izquierdas. Las llamas de estos escándalos consumieron rápidamente los indiscutibles logros sociales y políticos del gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva. Quizás haya una gran injusticia en la inculpación y condena que le hicieron a Lula o en las acusaciones por las que destituyeron a Rousseff, aún hay mucho debate jurídico al respecto, pero no hay duda de la trama delictual protagonizada por varios dirigentes del Partido de los Trabajadores.

Cuando Lula termina se segundo mandato ya se sentía el hedor de la corrupción y Dilma Rousseff, sin el carisma y la habilidad de su mentor, se vio obligada a buscar una alianza estrecha con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño -PMDB- y escoger a Michel Temer como su fórmula vicepresidencial para asegurar su elección. Ahora, muchos militantes del PT y la propia Rousseff consideran esta decisión como un grave error de cálculo político. Pero la contribución de Rousseff no fue poca; en su gobierno empezó una aguda recesión, creció la inseguridad, aumentó el miedo y la incertidumbre. En este ambiente se produjo la sindicación de haber maquillado las cuentas del país y con ese expediente Temer pacto en la oscuridad un gran acuerdo para destituirla. Lo logró.

En todo caso fue Michel Temer quien acabó de pavimentar la pista donde aterrizó Bolsonaro. Todos los problemas se agravaron en su mandato. Ahora, Brasil es campeón del crimen y la inseguridad con cerca de 64.000 homicidios en el 2017. El desempleo ha saltado a poco más del 13% y la pobreza ha vuelto a crecer. El tiempo de la gran ilusión se ha esfumado. Ya no está Cardoso con su proyecto de transición, de modernización y de estabilización política. Ya no está Lula con su proyecto de equidad social que produjo un remezón en la base de la pirámide y sacó a treinta millones de personas del socavón de la pobreza. La desesperanza es el signo ahora en el país más grande y más promisorio de la región.

No es esta dramática situación de inseguridad, crisis económica y corrupción la única explicación para que un capitán retirado del ejército, sin grandes luces políticas, al mando de un partido anodino, esté a punto de alzarse con la presidencia del país que siempre fue el más pacífico y el más alegre y optimista de América Latina. Hay otra explicación. Estamos ante la revolución más grande, la más poderosa, la transformación de las comunicaciones y el acceso directo al ciudadano y a sus sentimientos, que es el lugar donde se producen las decisiones.

Bolsonaro y las iglesias evangélicas que lo acompañan se montaron en ese avión. El instrumento son las redes sociales y las noticias falsas para producir pánico. La oferta es la mano dura contra el crimen, la militarización de la sociedad, el armamento ciudadano, el control social, la cárcel, es una campaña para conjurar el miedo. Es la vuelta al más descarado lenguaje contra la liberalización de la sociedad, contra la igualdad de género, la diversidad étnica y sexual, la integración social, la acogida de los migrantes. Es la exaltación de las diferencias sociales y de la discriminación. Es el tono con el cual Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos y los conservadores británicos triunfaron en el Brexit.

Aún así, más del 40 por ciento de los brasileños le votarán a Fernando Haddad y el Partido de los Trabajadores, en un arco de 30 partidos, seguirá siendo de lejos el más grande con 56 escaños en la cámara de diputados. El futuro de que habla Cardoso ya llegó. Si la izquierda quiere retornar al poder tendrá que desarrollar dos procesos simultáneos: la expiación de las culpas por la corrupción y la puesta al día en la revolución tecnológica, en los retos de la inteligencia artificial, de la infotecnología, de la biotecnología y, a partir de allí, conseguir una nueva relación con la ciudadanía para enfrentar la manipulación de la derecha populista.


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Artículo por: León Valencia @LeonVaLenciaA | Publicado: Hace 2 años

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