‘Relatos Internos’ o la fotografía que libera

1 marzo, 2019

‘Relatos Internos’ o la fotografía que libera

Por: Sergio Saavedra. Redacción Pares

“De las ilusiones que me hago a alguna llego./ Yo no nací para morir antes de estar muerto. Olvídese/ (…) me he planteado otras consignas para ser feliz entre la realidad cotidiana”. Estos versos son de Helí Ramírez, poeta colombiano que —entre otras cosas— llevó la poesía al lenguaje barrial, es decir la puso de frente a la gente, la hizo real, palpable, tangible.

Fotografía participativa

Estos versos tienen que ver con la historia de este artículo, que está inspirado en el proyecto ‘Relatos Internos’, una propuesta de fotografía participativa. Esto se debe a que el proceso está pensado para jóvenes y adolescentes entre los 14 y 21 años, privados de la libertad en Centros de Atención Especializada (CAE).

El equipo del proyecto expresa la importancia de los relatos contados a través de la cámara, para plantarle cara a las brechas y buscar la construcción de paz.

Justamente, trabajan con los ‘pelados’ en el Centro Juvenil Amigoniano de la ciudad de Tunja, desde la ‘fotografía estenopeica’. Este tipo de fotografía es una técnica casi inverosímil, porque con los elementos más básicos demuestran que sí se puede hacer una cámara capaz de lograr fotografías a placer del fotógrafo.

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“Con unas cajas de cartón y con un tarro de leche Klim, que de hecho recuerdo que decía apto para niños de 3 años, fueron los materiales con los que más adelante generé mis cámaras”, dice Luis Felipe Duarte Hincapié, quien hizo parte del proyecto, mientras estuvo recluido por algo más de un año en el Centro Juvenil. Duarte no se reconoce como una persona a la que se le facilita expresar con palabras lo que siente, sin embargo encontró en el lenguaje fotográfico la forma para soltarse.

Por ejemplo, según Duarte, la fotografía cambia la forma de estar consigo mismo, porque como dice él, el engome de la fotografía lo llevaba  pensar todo el tiempo en los encuadres y más aún cuando “allá dentro a uno siempre le hace falta algo y los talleres me permitieron darme algo en que pensar y ver la vida irremediablemente de otra forma, porque ya uno empieza a ver fotografía en las cosas que uno antes ignoraba con los ojos (…) es que uno va caminando y  piensa… ¡Uy aquí saldría severa foto!”.

Un proyecto que pone a los jóvenes en una paleta de grises, de matices

Para Francesco Tetti, tallerista de la técnica de la fotografía estenopeica, las actividades tienen una importancia en ese carácter didáctico, pues la construcción de las cámaras permite que los jóvenes se relacionen directamente con la forma en cómo funciona una cámara. Francesco, quien se define como fotógrafo italiano, porque nació en el país con forma de bota, también se siente, por adopción, parte del continente latinoamericano.

Tal como lo cuenta Francesco, “a lo largo de los ocho talleres de construcción de las cámaras, nos confrontamos para buscarle solución e ir potenciando las fotos y que estas vayan siendo más fieles a lo que buscan revelar”.

El tallerista, a lo largo de sus intervenciones, fue muy enfático en que no hay una sola rúbrica a seguir ceñidamente, debido a que la fotografía estenopeica permite explorar diversas posibilidades que van arrojando los materiales que son prospecto de cámara.

“La fotografía nos permite la libertad de expresarnos”

Francesco, visiblemente emocionado señala que el proceso, tal como lo ha podido constatar con los jóvenes, les ha brindado la sensibilidad que demanda la fotografía.  “La fotografía nos permite la libertad de expresarnos, eso es liberador aun en presencia de los muros, ya cuando se vuelven dueños de la técnica al entender cómo funciona la luz, el diafragma, la exposición, etc.; ellos entran en el proceso que auspicia la conciencia de sí mismos”.

Ya con los insumos, indica Francesco, empieza a generarse la narrativa desde las experiencias que han vivido y de qué manera buscan representarlas en la fotografía, “esto evidentemente sin la pretensión forzada de que quien mire el trabajo, entienda a pleno su intención”.

 Además, el proceso es ganado para el tallerista cuando los jóvenes acceden a la reapropiación de la materialidad de la fotografía, rompe la variable inmediatez-fotografía “porque ya no solo es mostrarla en una pantalla, sino que se necesita un ‘estar físico’. Tener físicamente la fotografía en la mano, me parece, que regala otro tipo de tiempos y experiencias”.

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‘El camino antagónico’, la fotografía de Duarte

“Lo primero que habría que decir, es que a pesar de que uno está todo el tiempo relacionado con imágenes, uno no piensa más allá de lo que uno puede representar en una fotografía o por lo menos no de la forma en que lo pensé en los talleres de Relatos Internos. La primera sorpresa fue cuando Francesco nos dijo que nosotros teníamos que crear nuestra propia cámara, ahí me surgieron muchas dudas de cómo íbamos a plasmar la imagen, porque si de hecho me parecía complejo generar una fotografía pues más me pareció crear una cámara”, cuenta Luis Felipe Duarte.

El proceso se iba haciendo más interesante en la medida en que entraban en relación directa con los materiales, conforme a ver qué incidencia tienen los mismo para el funcionamiento de la cámara.

“Hacíamos las cámaras con los materiales que teníamos a la mano en el centro de reclusión. Por dentro todo debía ser negro para que entrara únicamente la luz pequeña que suele hacerse con una aguja”. Conforme a como lo iban construyendo, Francesco la medía y ahí podían establecer cuánto tiempo de exposición de luz debían tener para lograr la fotografía.

“Yo quería relatar la convivencia, de lo que nosotros vivíamos internamente porque nosotros no somos personas malas, de hecho, en este proceso me permitió reconocerme y reconocer personas con las que uno convivía”. Duarte cuenta que mientras pensaba en sus fotografías, quería lograr plasmar alegría, movimiento, color. Por ejemplo, me cuenta que buscaba plasmar la naturaleza, porque para él “lo que transforma un lugar es la belleza natural”.

Antes de realizar la fotografía, Francesco les daba un papel para hacer la prueba, si quedaba bien ya iban por el papel grande y la idea era plasmarla exactamente igual. Después, cuenta Duarte, se postergaba la espera de lo que sucedía en el cuarto oscuro. Si habían logrado la fotografía o no.

Ensayo-Error

“Por ejemplo la primera vez a mí se me quemó porque por algún lado entró luz, entonces tocaba ir y volver a sacar la fotografía. Como la primera vez se me había quemado, esta vez la dejé menos expuesta al sol, sin embargo, cuando la fuimos a revelar no se veía nada. Eso fue a ensayo y error, hasta ver cómo eran los tiempos de mi cámara, ver que tanta exposición me servía para lograr mis fotografías”.

“La emoción cuando empezamos a ver que el papel ya se revelaba las fotografías que queríamos lograr, era una sensación muy extraña casi como irreal. Pues, uno ahí sujetando su primera foto, parece bobo, pero cuando uno camella en el proceso tiene resto de sentido”, le resultaba una paradoja sentir libertad, estando adentro.

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Ahora Duarte está estudiando Administración de Empresas, pero sigue insistiendo en que eso tampoco lo define a él, como no lo definió nunca el estar en ese centro de reclusión.

“Yo cuando llegué al centro de reclusión sentí miedo porque uno piensa que la gente que está ahí es mala, pero en los talleres yo redescubriendo que las cosas eran distintas. Lo que puedo decir es que lo que nos definía no era un rótulo sino más bien lo que nos definía lo estábamos buscando en la fotografía, ahí había más cosas reales de nosotros de lo que se dice de nosotros”. Para Duarte, el taller fue dignidad entre tanto aturdimiento.


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Artículo por: Sergio Saavedra @_SergioSaavedra | Publicado: Hace 3 semanas

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