El destino trágico que pesa sobre Montelíbano

25 julio, 2019

El destino trágico que pesa sobre Montelíbano

Por: Redacción Pares

Dos alcaldes capturados: el actual y el anterior. Uno aspira a la reelección, el otro sigue en ejercicio. Ambos tienen pasados y familiares bastantes sombríos y relacionados con la ilegalidad.

Por un lado está José David Cura, hijo del exalcalde Mariano Cura y sobrino del narcotraficante César Cura, quien iría avalado por el partido de la U y tendría el respaldo de toda la oposición del Clan Calle.

Por otro lado está Gabriel Calle Demoya, investigado, capturado y liberado, quien buscaría reelegirse con el aval del partido Liberal y el coaval del partido Cambio Radical.

Hasta junio del presente año, se registraron en Montelíbano 31 homicidios, una cifra preocupante si se tiene en cuenta que durante el primer semestre del 2018, fueron 22; es decir, hubo un incremento del 30%. 

Así como Valencia y Tierralta, Montelíbano se convirtió en tierra fértil para el reciclaje del conflicto. En 2008, luego del proceso fallido con las AUC, el exjefe paramilitar Daniel Rendón, alias Don Mario, es estableció en el control de un corredor de narcotráfico que cubría Planeta Rica, San Francisco del Rayo, Puerto Anchica, Puerto López y Tierradentro, del municipio de Montelíbano.

El origen de esta historia: César Cura

El punto de partida para entender las relaciones políticas y las herencias malditas del municipio se remonta a la década de los 80, cuando el Ejército Popular de Liberación (EPL) dominaba el negocio del narcotráfico en el Sur de Córdoba.

En esta época, Isidro Antonio Martínez Pastrana, un jornalero que se fue convirtiendo en uno de los hombres de mayor importancia de la cúpula del EPL en Córdoba, sembró uno de los precedentes más importantes en la historia del narcotráfico para el departamento.

Con el alias de “El viejo Rafa”, el hombre encargado de las extorsiones, las finanzas y las operaciones del narcotráfico el EPL, conocía las fincas y corregimientos estratégicos para la salida del estupefaciente.

La joya de la corona era una finca ubicada en el San Jorge, denominada “Caballo Blanco”. Según el libro “Crónicas que da Miedo Contar”, de Toño Sánchez, aunque no existe documento que compruebe su historial de propiedad, para las personas del sector el dueño era uno solo: el prestante ganadero César Cura Demoya.

Cura Demoya venía de una familia de Montelíbano, en cabeza del patriarca Emilio Cura, un ganadero conocido en la región. Se hizo a su fortuna por medio del abigeato y de sus relaciones con narcotraficantes en Colombia y Estados Unidos.

Como Pablo Escobar, Cura se convirtió en un hombre que daba dinero y “soluciones” a los problemas de la gente no solo en Montelíbano, sino también a los políticos y líderes locales del departamento. Uno de los crímenes que más se recuerda en el Sur de Córdoba de César Cura y “El Viejo Rafa” es la masacre de Mejor Esquina.

Luego de diversas versiones de sus relaciones con narcos y con la otrora guerrilla del EPL, César Cura cayó en un operativo realizado por la DEA en México a finales de la década de los 80, por lo que fue juzgado en Estados Unidos por introducir estupefacientes y lavado de activos.

A pesar de enfrentarse a una sentencia de 23 años, Cura fungió como testigo clave del gobierno estadounidense para la captura de su antiguo aliado en Panamá Manuel Antonio Noriega, lo que le redujo la cárcel a solo 6 años.

Asimismo, Cura fue un hombre clave en las investigaciones por las redes de narcotráfico hacia Centroamérica debido a que este tenía negocios con el narcotraficante hondureño Matta Ballesteros.

En 1997 regresó a Colombia en medio de un homenaje hecho por su familia en Montelíbano. Sin embargo, ante las amenazas por haberse convertido en un informante de la DEA, tuvo que irse a vivir a Barranquilla y luego a Santa Marta. En esta última ciudad, en 2002, fue asesinado.

Muchos habitantes de Montelíbano se volcaron a la calle para su sepelio. Las víctimas de la masacre de Mejor Esquina rechazaron ese apoyo popular a quien fue un delincuente. Hasta el día de hoy no hay sentencia sobre esta masacre, pero en 2018, 30 años después, la gobernadora encargada de Córdoba, Sandra Devia, solicitó que fuera declarada crimen de lesa humanidad.

Mariano, el hermano del narco que se hace alcalde

En 2001, Mariano Cura Demoya, hermano de César Cura, fue elegido como alcalde del municipio para el periodo 2001-2003.

Mariano Cura  aparece mencionado por Salvatore Mancuso en las versiones ante Justica y Paz: manifiesta haberse reunido con él en campaña y siendo alcalde. Eleonora Pineda, congresista condenada por parapolítica, manifestó que hubo pactos del paramilitarismo con Mariano Cura, quien a su vez apoyó a Mario Uribe. Eso, dice Mancuso, habría ayudado a Mario Uribe a obtener una altísima votación en Montelíbano.

Alianzas dudosas: los Cura y los Calle

Mientras Mariano Cura Demoya era alcalde, en Montelíbano un familiar suyo por parte materna, Gabriel Calle Demoya, buscaba a toda costa ascender en la política local.

Si bien era un desconocido en el municipio y no contaba con ningún capital político, empezó como concejal de Montelíbano durante dos periodos: 1995-1997 y 1998-2000. Posteriormente, resultó elegido como diputado (2001-2003), cuando su primo era alcalde. Luego, se lanzó como candidato a la alcaldía de Montelíbano en 2 oportunidades (2004-2007; 2007-2011), ambas sin éxito.

En 2007 fue elegido alcalde Edinson Rangel, primo de la esposa de Gabriel Calle. Durante su administración, se encontraron diversas irregularidades e ilegalidades, lo que llevó a su captura en  octubre de 2010 por los delitos de peculado por apropiación y por contrato sin cumplimiento de los requisitos legales. A raíz de esto, se congelaron las regalías del municipio.

Para la campaña de 2011, en su tercera aspiración Gabriel Calle decidió aliarse con el Clan de los Ñoños, que en ese momento tenía en una misma cuerda a los ex senadores Musa Besaile y Bernardo Ñoño Elías, para ganar las elecciones. Con el aval de la U, resultó elegido con 13.514 votos.

De acuerdo con fuentes consultadas por Pares en Montelíbano, para las elecciones de 2011 el Clan de los Ñoños impulsó financiera y políticamente las campañas de Calle y de Lyons con un objetivo claro: destrabar las regalías del municipio de Montelíbano y apoderarse de los multimillonarios recursos represados.

Así las cosas, una vez en el Congreso de la República, Bernardo Elías habría movilizado presuntamente sus influencias para que el gobierno nacional regresara los más de 110 mil millones de pesos en regalías retenidos a Montelíbano. Para este propósito, se inició una campaña mediática que involucró una movilización de parte del entonces alcalde Gabriel Calle en Montelíbano para exigir la liberación de los recursos. Esto está registrado en una entrevista que le hicieron a Calle Demoya en El Espectador el 13 de marzo de 2013.

De acuerdo con las fuentes consultadas por Pares, estos recursos habrían sido el botín más jugoso al que habría tenido acceso Gabriel Calle para consolidarse como el gamonal político más importante del municipio y del sur de Córdoba.

La nueva generación: el hijo de Gabriel llega al Congreso

En 2018, Gabriel Calle decidió darle un vuelco a sus alianzas políticas con el Clan de los Ñoños y aliarse con el entonces candidato Fabio Amín al Senado. Para esto, le ofreció respaldo político en el municipio a Amín a cambio de que llevara como su fórmula en Cámara de Representantes a su hijo, Andrés Calle.

Una vez se acordó la alianza, luego de los comicios del 11 de marzo de 2018, las votaciones fueron arrasadoras: Amín obtuvo 6.220 votos de los 9.432 que obtuvo el partido Liberal en el municipio; Calle junior, sin experiencia política, se coronó como el candidato más votado en todo el municipio: 10.932 votos (de 14.456 que sacó el partido en esta circunscripción). Ambos resultaron elegidos y Andrés Calle se hizo a una votación total de 57.213 apoyos.

Alcaldes corruptos: Calle y Alean capturados

El pasado 30 de mayo de 2019 se conoció que la Fiscalía General de la Nación emitió orden de captura contra Francisco Alean y Gabriel Calle, alcalde y exalcalde del municipio respectivamente, debido a sus presuntos vínculos con hechos de corrupción durante sus administraciones.

De acuerdo con las investigaciones de la FGN, los contratos irregulares se gestaron por medio de 51 convenios interadministrativos celebrados entre Montelíbano y la sociedad de Economía Mixta Jaguazul S.A., cuyo 80 % es de propiedad del mismo municipio.

Efectivamente, durante las alcaldías de Gabriel Calle y de Francisco Alean se saltaron todos los procesos de contratación pública y se seleccionaron a dedo a los ejecutores finales de los contratos. No existen documentos que certifiquen el cumplimiento de las obras allí ejecutadas, ni de las interventorías a los procesos relacionados.

A pesar de la orden de captura emitida el 30 de mayo, Gabriel Calle y Francisco Alean permanecieron prófugos hasta el 7 de junio de 2019, cuando se entregaron a las autoridades en Montería.

Posteriormente, en una decisión que es a todas luces irregular, el juez dictó medida no privativa de la libertad y en un sinsentido, determinó que el acalde Francisco Alean siga siéndolo, pero que no celebre contratos o convenios interadministrativos.

Gabriel Calle tiene, además del proceso por las presuntas irregularidades de Jaguazul S.A., 13 denuncias por los delitos de enriquecimiento ilícito, interés indebido en la celebración de contratos, contrato sin cumplimiento de los requisitos legales, peculado por apropiación, prevaricato por acción, violación al régimen legal o constitucional de inhabilidades e incompatibilidades, contrabando, amenazas y concierto para delinquir.

De acuerdo con investigaciones realizadas en 2018 por Pares, las cifras de gastos de campaña reportados por Calle no corresponden al gasto desbordado percibido por la comunidad en Montelíbano. Algunos pobladores indican que el voto se compraba en 150 mil pesos y que, según fuentes reservadas cercanas al partido Liberal, su campaña habría bordeado los 15 mil millones de pesos. Un registro que les corresponde investigar a las autoridades.

¿Qué viene para las elecciones de 2019?

Los dos candidatos que se enfrentan por la alcaldía de Montelíbano son de la misma familia que en el pasado construyó un emporio político y económico muy cuestionable.

Por un lado está José David Cura, hijo del exalcalde Mariano Cura y sobrino del narcotraficante César Cura, quien iría avalado por el partido de la U y tendría el respaldo de toda la oposición del Clan Calle.

Por otro lado está Gabriel Calle Demoya, investigado, capturado y liberado como se ha mencionado, quien buscaría reelegirse con el aval del partido Liberal y el coaval del partido Cambio Radical.

El mayor apoyo que tiene Calle está en la representación de su hijo Andrés Calle en la Cámara de Representantes. Este último, a pesar de las diversas investigaciones que rodean a su padre y al actual alcalde Francisco Alean, motivó en la Cámara de Representantes el pasado 18 de junio la polémica entrega de la Orden de la Democracia Simón Bolívar a Alean, apenas una semana después de salir en libertad por el caso de Jaguazul.

Este acto generó todo tipo de reacciones en la población. Muchas personas han sentido como burla que, mientras Alean permanece investigado, reciba una distinción en el Congreso.

Por el lado de Cura también hay ruido: hace unas semanas el noticiero de Canal 1 denunció cuestionamientos que rodean su campaña. El padre de su contrincante, Andrés Calle, señaló que uno de los hijos del narcotraficante César Cura podría estar buscando apoyar la campaña de su primo José David a la alcaldía.

En Montelíbano sigue arreciando la violencia sin control, a la cual se suma la incertidumbre política debido a la investigación en curso contra el alcalde actual Francisco Alean y el exalcalde Gabriel Calle.

Resulta muy preocupante que Gabriel Calle busque una reelección a la alcaldía de Montelíbano. Sobre este hecho ya se han presentado reclamos ante el partido Liberal, en cabeza de Fabio Amín en el departamento y socio político del Clan Calle, sobre el aval que se otorgaría a Gabriel Calle Demoya para que aspire una vez más a la alcaldía municipal a pesar de los procesos en su contra. Reclamos similares que se han presentado al partido Cambio Radical, sobre el posible coaval que pudiera brindarle a Calle. 

En este contexto, el panorama político en Montelíbano es bastante sombrío y desalentador. Una democracia amenazada en este municipio de Córdoba.


Artículo tomado y editado del trabajo de investigación Pares:

«Montelíbano, entre la guerra y la corrupción»


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Artículo por: Redacción Pares @ | Publicado: Hace 4 meses

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