Guardia indígena y cimarrona: una vida de resistencia

21 marzo, 2020

Guardia indígena y cimarrona: una vida de resistencia

Por: Línea Conflicto Paz y Posconflicto. Pares.

El Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC-, celebró este año 49 años de lucha, resistencia y organización; un proceso de larga duración que da cuenta de las luchas de poblaciones indígenas del Cauca, consideradas por algunos como “milenarias”, pues han enfrentado en distintos momentos imposiciones coloniales, despojo de tierras y, desde hace décadas, el conflicto armado. También pueblos afrodescendientes y campesinos han trazado caminos de resistencia en el departamento del Cauca, convergiendo en diversos momentos alrededor del tema agrario, los derechos colectivos y la defensa de la vida.

En esta historia, afrodescendientes e indígenas han construido referentes de autonomía y gobierno propio, respaldados por la Constitución Política de Colombia de 1991. Las figuras de autoridad de los cabildos y consejos comunitarios han sido claves en la configuración de proyectos de autonomía, guiados por los mandatos de las asambleas, que constituyen la máxima autoridad en estas comunidades, y por los planes de vida o planes de buen vivir en los que plasman sus ejes de gobierno.

La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca -ACIN- al igual que la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca -ACONC-, han liderado iniciativas desde el gobierno propio como los territorios de paz, las asambleas comunitarias y las guardias.

Guardia indígena y cimarrona

Recientemente y en especial durante el paro nacional que inició a finales de 2019, las guardias indígena y cimarrona fortalecieron su visibilidad y reconocimiento nacional e internacional como defensoras de la vida, el territorio y la paz. En contraste, diferentes lugares del norte del Cauca vienen siendo noticia a causa de acontecimientos violentos contra la guardia, autoridades étnicas, pobladores y foráneos.

En su último informe, “[l]a CIDH advierte que los asesinatos perpetrados contra liderazgos indígenas y afrodescendientes, a la vez que alteran gravemente la integridad cultural, rompen la cohesión de los pueblos y las comunidades en torno a la defensa de sus derechos humanos”. En ese sentido, uno de los grandes retos que hoy enfrentan las guardias en el norte del Cauca, hace referencia a su rol en la construcción de autonomía en medio de una agudización de múltiples violencias en la región, expresadas en asesinatos, amenazas, ataques, hostigamientos, estigmatización, criminalización, entre otras.

Una historia de resistencias

Si bien la guardia indígena se conformó oficialmente en 2001 y la guardia cimarrona en 2013, el rechazo a la presencia y acciones armadas de los actores del conflicto en el norte del Cauca por parte de las autoridades étnicas se puede rastrear desde años anteriores.

En 1985 se suscribió el Acta de Vitoncó por “el derecho que los Cabildos y las comunidades tienen de controlar, vigilar y organizar su vida social y política al interior de los Resguardos”. En 1999, a través de la Resolución de Jambaló, el pueblo nasa se pronunciaba “frente a los conflictos que atentan contra nuestro proyecto de vida”. Así mismo, líderes y lideresas de ACONC, se han declarado en varias ocasiones como defensores de la paz y del territorio, con el lema “el territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende”.

Los niños vienen haciendo el aprendizaje para luego reemplazar a los mayores […] Los mayores nos organizamos acompañando a las comunidades, otros que nos gusta lo político, otros que nos gusta lo lúdico, otros que nos gustan los sistemas. Acompañamos de diferentes maneras. Foto: Cortesía.

En ese ejercicio de autonomía, cabildos y consejos comunitarios del norte del Cauca, con la guía de las autoridades propias y a través de recorridos territoriales, acciones de control y formación política, han logrado consolidar las guardias como iniciativa de paz y como mecanismo de autoprotección colectiva, reconocido en el capítulo étnico (6.1.12) del Acuerdo de paz de La Habana. Uno de los coordinadores de guardia indígena, explica que:

[…] más que cuidar, más que alertar, son actores políticos, son actores de paz y deben ser reconocidos desde el marco del derecho propio, de los usos y costumbres, porque si la guardia indígena o los Kiwe Thegnas vienen de la lucha milenaria, vienen de la década de 1492, de todo ese contexto, entonces deben llamarse Kiwe Thegnas. Y qué es Kiwe Thegnas: Kiwe que es territorio y Thegnas que dice mirar. Son los que miran, los que defienden y protegen el territorio.

Hay una conformación integral: la conforman los niños, la conforman los y las mayores, los jovencitos, las jovencitas, cada uno tiene su cualidad, su talento humano. Los niños vienen haciendo el aprendizaje para luego reemplazar a los mayores […] Los mayores nos organizamos acompañando a las comunidades, otros que nos gusta lo político, otros que nos gusta lo lúdico, otros que nos gustan los sistemas. Acompañamos de diferentes maneras.

Los nuevos retos

Sin embargo, el quehacer de la guardia se enfrenta a los nuevos contextos que ha traído el postconflicto. En el norte del Cauca se han multiplicado los actores armados y las acciones violentas realizadas en nombre de Grupos Armados PostFarc (GAPF), el EPL, las Águilas Negras, el Cartel de Sinaloa y el ELN; recientemente, se suma a ello el incremento en las tropas de las Fuerzas Armadas del Estado.

Según datos de la Fundación Paz y Reconciliación -Pares-, desde el 24 de noviembre de 2016 hasta hoy, en el norte del Cauca han ocurrido 64 hechos de asesinato selectivo. Además, el informe de febrero de 2020 de ACNUDH, muestra que “[e]ntre enero y noviembre de 2019, el ACNUDH registró el asesinato de 66 miembros del pueblo indígena Nasa en el norte del Cauca, incluyendo 13 autoridades indígenas y otros líderes Nasa”.

En el norte del Cauca, no solo los asesinatos, sino también amenazas, extorsiones y hostigamientos, están relacionados en gran medida con el incremento de cultivos de coca y marihuana, las disputas por el control de los corredores del narcotráfico y economías ligadas a la minería ilegal. Según el informe de UNODC de agosto de 2019, el departamento del Cauca pasó de tener 12.595 hectáreas de coca en 2016 a 17.117 en 2018, estando concentrada la mayor parte de los cultivos en la zona norte y sur del departamento.

La agudización de estas problemáticas y el recrudecimiento de múltiples violencias ha afectado la labor de las guardias, llegando a significar la amenaza directa contra la vida de sus miembros. Uno de los hechos más recientes y de gran impacto a nivel local, fue la masacre ocurrida el 29 de octubre de 2019 en el resguardo de Tacueyó (Toribío), en la que fueron asesinados cuatro (4) Kiwe Thegnas y la autoridad Neehwe’sx Cristina Bautista, resultando también heridos varios Kiwe Thegnas, un Neehwe’sx y otros comuneros. A este tipo de situaciones se exponen líderes, guardias y autoridades en su ejercicio de construir autonomía, en tanto representan un proyecto contrapuesto al de los grupos armados.

El rol de la guardia es entender el contexto, comprender por qué hoy el conflicto contra las comunidades indígenas y en especial contra la guardia. Entender eso y llegarle a la base, conversar con las familias. El reto que hemos desempeñado es: vamos a conversar con las familias, vamos a prepararnos más, vamos a orientar a nuestra comunidad de acuerdo a lo que conocemos, pero también prevenimos frente a los hechos que se vienen dando.

Una escuela para la protección del territorio

Desde las guardias se generan procesos de formación, se promueven espacios de paz y se trabaja por la consolidación de iniciativas de unidad a nivel zonal y departamental entre indígenas, afrodescendientes y campesinos como el Encuentro interétnico e intercultural de guardias, realizado desde 2018.

También ha sido fundamental la inclusión de los niños en la protección del territorio; algunos consejos comunitarios de ACONC vienen promoviendo la guardia estudiantil y el Tejido de Defensa de la Vida y Derechos Humanos de ACIN lidera la escuela de Luucxs Kiwe Thegnas:

Les vamos enseñando a nuestros niños que nuestra protección está cuando hablamos nuestro idioma, está cuando estamos aplicando nuestra cultura, cuando aplicamos nuestros rituales, cuando respetamos a la naturaleza, cuando le pedimos permiso a un lugar para estar, cuando no la contaminamos, cuando le hacemos caso a nuestros padres.

De esa manera estamos contribuyendo a ser respetuosos con la madre tierra, pero también a tener un espacio de protección, un espacio de respeto, un espacio donde estamos equilibrando nuestras energías, nuestro sentir como niños nasa, pero también estamos haciendo un espacio de protección y de autoprotección.

Recientemente y en especial durante el paro nacional que inició a finales de 2019, las guardias indígena y cimarrona fortalecieron su visibilidad y reconocimiento nacional e internacional como defensoras de la vida, el territorio y la paz. Foto: Cortesía.

Desde esta perspectiva, las guardias han construido una legitimidad que se refleja con la consigna de “guardias, somos todos”, lo cual ha permitido que sin el uso de armas y en trabajo conjunto con los sistemas de justicia propia, comunidades indígenas y afrodescendientes ejerzan su autonomía con acciones frente a las economías ilegales, la presencia de actores armados y la vulneración a los derechos humanos.

Es gracias a esa legitimidad y concepción colectiva que, pese al recrudecimiento de la violencia, Kiwe Thegnas y Guardias cimarrones asumen con convicción la labor de protección, cuidado y “defensa de la vida, el territorio y la paz”.

Grandes desafíos quedan en el horizonte de las guardias, pues es evidente que su quehacer no es solo operativo, sino que es un componente fundamental de los proyectos políticos alternativos y las formas de autoridad que intentan consolidar las poblaciones indígenas y afrodescendientes en esta región como pilares de los mencanismos de autoprotección de sus comunidades y la construcción de paz.

Hoy su ejercicio de autoridad es disputado mediante formas atroces de violencia; a pesar de las enormes transformaciones y la disminución en las acciones bélicas que ha traído la firma del Acuerdo de paz en la región y el país, la población civil, las autoridades étnicas y en particular las guardias, siguen siendo objeto de múltiples violencias. Frente a esto, no debe perderse de vista que la construcción de una paz estable y duradera pasa por el respeto y la protección de las comunidades como sujetos de derechos, así como sus visiones de justicia, protección y gobierno.


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Artículo por: Línea Conflicto, paz y postconflicto @parescolombia | Publicado: Hace 5 meses

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