«Esta lucha contra las drogas es una guerra perdida»

14 mayo, 2020

«Esta lucha contra las drogas es una guerra perdida»

Por: Redacción Pares

El último informe realizado por la Comisión Global de Política de Drogas: LA APLICACIÓN DE LAS LEYES DE DROGAS UN NUEVO ENFOQUE EN LAS ÉLITES DE LA DELINCUENCIA ORGANIZADA señala que es urgente que se introduzcan reformas fundamentales en la política de drogas y analiza las consecuencias dramáticas de la “guerra contra las drogas” entre los pueblos de la región; una guerra impuesta por los Estados Unidos, el mayor mercado de consumo de drogas ilegales del mundo.

La Comisión dio la voz de alarma sobre la forma en que este enfoque represivo frente a las drogas estaba debilitando las instituciones democráticas, fortaleciendo a las organizaciones delictivas, propagando la corrupción y alimentando la violencia a medida que se intensificaban las guerras territoriales entre los delincuentes o entre las organizaciones de la delincuencia y las fuerzas del orden.

Por su parte, en la más reciente investigación de la Fundación Paz y Reconciliación -ParesEl tráfico de cocaína de Colombia hacia el mundo, y a pesar de los discursos del Presidente Duque por generar una fuerte estrategia para la erradicación, los datos muestran que en el 2019 se presentaron las cifras más altas de cultivos de hoja de coca: 212.000 hectáreas, precedidas por las 208.000 que se registraron en el 2018, el primer año completo del periodo de Iván Duque.

Perú, Bolivia y Colombia se han configurado como los países que mayor producción de cocaína han concentrado concentrado en la región, presentando un aumento continuo en los últimos tres años. Lo anterior, representa un panorama contrario a los argumentos del gobierno de Iván Duque, donde se afirmaba que esto se había dado por “la mano blanda del gobierno Santos y del Acuerdo de Paz”.

«Duros con los débiles y débiles con los duros»

El tema de las drogas se ha estudiado mucho y desde muy distintos ángulos. La polarización del debate internacional entre “prohibicionistas” y “legalizadores”  ha conseguido paralizar, en la práctica, la búsqueda de alternativas intermedias que podrían fácilmente conciliar la necesidad de regular socialmente el consumo de alucinógenos  y minimizar los  costos derivados de su persecución, que ya comienzan a ser mayores que los beneficios resultantes de la prohibición.

Esta “sin-salida” de una guerra que todos ven perdida, manifiesta el expresidente Ernesto Samper, pero que nadie se atreve a declararlo, se explica por el elevado contenido moral que se le ha querido dar al debate, satanizando unos el consumo de drogas  mientras otros lo defienden con el argumento del derecho absoluto e inalienable del individuo a consumirlas como parte del ejercicio de su libre albedrío.

La Fundación Pares realizó este miércoles un conversatorio con la participación del expresidente Ernesto Samper Pizano, León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación y con la moderación de Diego Restrepo, Coordinador de la Línea Conflicto Paz y Posconflicto de Pares y en el que analizaron la política antidrogas en Colombia: ¿UNA GUERRA PERDIDA?

Partimos de la base de que hay un reconocimiento casi universal, explicó el expresidente Samper, de que la prohibición como política para el control del tema de las drogas ilícitas ha sido un fracaso, así lo demuestra la existencia de más de 300.000 consumidores de drogas en el mundo y como el mercado de drogas ha ido evolucionando. A partir del reconocimiento de que la prohibición no es el camino. El Estado no puede renunciar a intervenir en un en un fenómeno como el fenómeno de las drogas ni por el lado de la oferta, ni por el lado de la demanda.

El tema de la descriminalización permite que ciertas conductas relacionadas con la cadena de las drogas se sigan considerando como conductas antisociales o conductas que hacen daño social pero el tratamiento normativo que se les de es distinto entonces allí es donde se debe hacer una distinción entre lo que son los eslabones débiles de la cadena de las drogas y los eslabones fuertes: los grandes capos, los empresarios y las empresas que lavan esas grandes cantidades de dinero, por ejemplo.

Lo que estamos registrando es que hemos sido muy duros con los débiles y muy débiles con los duros. ¿Quiénes son los débiles? los eslabones débiles de la cadena las drogas son, en primer lugar los campesinos que producen la coca, la marihuana, la amapola, que después se procesa industrialmente, son los consumidores en sus distintas versiones, los consumidores recreativos, los consumidores por razones medicinales, los consumidores adictivos, para esas personas el tratamiento que se les debe dar no es un tratamiento punitivo, sino un tratamiento de carácter resocializante o restaurativo, señaló Samper.

Por su parte, León Valencia señaló que hay 25 millones de consumidores en el mundo en los últimos cuatro años y 1.5 millones en EE. UU., eso es un primer factor para tener en cuenta. Como segundo factor está el dólar y el euro, un dólar a $4.000 tiene una rentabilidad económica enorme. Y lo otro es que hay un paraguas del uribismo hacia las fuerzas criminales: políticos y empresarios amparan esos negocios.

Por ejemplo, indicó el analista, hace dos años estábamos en Tumaco y hablando con la gente involucrada en el negocio nos decían que fuéramos a buscar a los dueños del negocio en Cali o en Medellín. También, ha habido una laxitud de este Gobierno frente a todas esas corrientes políticas y frente a los sectores militares y policiales que tienen más relación con el negocio.

El Gobierno se hace el bobo, la Ministra del Interior diciendo no sabe qué es lo que pasa en el Cauca, nosotros sí sabemos lo que pasa y es que este es un lugar impresionante de tráfico hacia el Pacífico lo que genera una disputa por los corredores y el tráfico. La última variable, enfatiza Valencia, es un paraguas que, esta vez, ampara el crecimiento de esas organizaciones criminales y a cuenta de esto están muriendo líderes sociales y se está envenenando más el país.

Un enorme daño social

El problema del daño colateral  producido por la lucha contra las drogas es en Colombia particularmente sensible. Por cuenta de la lucha contra el narcotráfico que ha vivido el país en los últimos treinta años, que deriva en la entrada tumultuosa de capitales clandestinos, se ha revaluado el peso colombiano al punto tal de que la tasa de cambio negro ha permanecido durante muchos años por debajo de la tasa oficial.

Las zonas donde se producen los cultivos ilícitos han quedado, por su parte, devastadas ambiental y socialmente por las fumigaciones aéreas, y se han producido movimientos telúricos de desplazamiento de campesinos e indígenas por todo el territorio nacional; los grupos alzados en armas han fortalecido con dineros obtenidos de actividades relacionadas con el narcotráfico su capacidad subversiva y terrorista.

El Estado, explica el expresidente Samper, ha debido aplazar inversiones sociales para financiar el combate de la producción y exportación de cocaína y heroína; se han pagado muy altos costos institucionales en materia de justicia, transparencia democrática y libertad de opinión por cuenta de esta misma lucha. La pregunta que nos hacemos muchos colombianos, todos los días, es si se justifica en términos económicos, esta inversión de varios puntos del PIB para producir en la cadena final del negocio un efecto apenas marginal en la reducción del consumo.

¿Qué le vendió el uribismo después de Santos al país? -Si nos vuelven a elegir retomamos la lucha contra el tráfico, cultivo y procesamiento de droga, el cual Santos fortaleció- resulta que no ha sido así, declaró León Valencia.

En el 2017 teníamos 208.000 hectáreas, ahora tenemos 212.000 hectáreas de coca sembrada y estamos exportando más cocaína, con unas particularidades especiales; estamos producción de igual proporción de manera activa en relación con países como Perú y Bolivia, ahora, también sube por igual la minería ilegal y el narcotráfico. Estamos en el peor momento de la historia del narcotráfico en Colombia. Es un total fracaso de las políticas del presidente Duque y del uribismo el manejo de las drogas.

Una política exterior subordinada

La política de drogas de Colombia se ha caracterizado por acoplarse a la Guerra contra las drogas, impulsada por Estados Unidos. Colombia, al ser principalmente productor de drogas, se ha enfocado en la erradicación de cultivos de uso ilícito y perseguir el narcotráfico. Así, Colombia ha sido el principal aliado estadounidense en la región y, al ser un aliado estratégico, ha recibido ayudas económicas y militares. Esto ha hecho que Colombia sea percibida por los países vecinos como una amenaza y un actor conflictivo en la región.

Según Samper, en Colombia han existido dos grandes tendencias de política internacional: una es el respice similia, que es mirar hacia los vecinos, hacia los semejantes, que de alguna manera ha inspirado todos los avances en materia de integración regional , el tema de los no alineados, el compromiso digamos con países que no necesariamente están en la órbita americana, y la segunda tendencia es la del repicie polum, que es mirar hacia el Polo, sintonizar la política internacional con los intereses de Estados Unidos.

Yo, resalta Samper, que he seguido de cerca la política pública nunca había visto un nivel de sometimiento de la política internacional como lo estoy viendo en este momento de la política de este gobierno a los intereses de Estados Unidos, hasta el punto de que ni siquiera tenemos podríamos decir que tenemos prioridades internacionales distintas a las que piden los Estados Unidos.

El señor Trump será recordado en América Latina porque fue el que expulsó a los migrantes de los Estados Unidos, el que subió los aranceles de nuestros productos y la persona que renunció a los a los compromisos del cambio climático que es una cuya zonas más afectadas es el Caribe Latinoamericano. Es la persona que más daño le ha hecho a las relaciones con América Latina y es la subordinación más cercana que hemos tenido a los Estados Unidos. Señaló Samper.

Después de la política de drogas, este es el otro fracaso enorme del gobierno de Duque. Toda esta política de subordinación a Estados Unidos se hace en un momento inoportuno, explicó León Valencia.

Una cosa es asociarse a la gran potencia mundial que domina los intereses del mundo, pero nos estamos montando en un avión que está fallando. En este momento EE. UU. ha perdido la hegemonía mundial y hay unos actores que están en ascenso como China y Rusia. Por otro lado, la política de Trump ha sido encerrarse en EE. UU. y proteger sus supuestos interés y nosotros nos asociamos a esa política que está en decadencia.

Con lo anterior y apropósito de la crisis que ha provocado el Covid-19, se va mostrando de manera dramática la situación en la que está ese país y ese es al barco al que nosotros nos estamos montando. Además, hay unos desplantes de Trump a Duque y él ni se entera, así tenemos a todos los actores en contra nuestra. Estamos entregando toda nuestra política internacional a una potencia en decadencia, con un presidente como Trump que ya no tiene un prestigio enorme, las encuestas a Trump no lo favorecen aquí, ni en toda América Latina. Lo que dicen es que “este señor es un loco que está en cabeza de Estados Unidos” finalizó señalando el analista.

La estrategia colombiana y norteamericana contra Maduro, señalan las investigaciones de la Fundación Pares, se basa en el principio de que por allí sale la mayor cantidad de droga que se produce en Colombia.

Sin embargo, al revisar los datos del propio gobierno de los Estados Unidos las cosas no cuadran. Los datos de CCDB de los EE.UU muestran que los flujos de cocaína a través de Venezuela han disminuido desde su pico en 2017. Según los datos de CCDB, la cantidad de cocaína que fluye a través de Venezuela cayó un 13 por ciento de 2017 a 2018, y parecía continuar disminuyendo ligeramente hasta mediados -2019.

Según este último informe de Pares, El tráfico de cocaína de Colombia hacia el mundo, queda claro que el gran problema del tráfico de cocaína está en el Pacífico colombiano, lugar donde actualmente se vive la ola de violencia más grande del país, cerca de una veintena de organizaciones criminales y grupos armados ilegales se disputan metro a metro el control territorial de esta región.


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Artículo por: Redacción Pares @ | Publicado: Hace 2 semanas

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