Que se oiga la voz de las víctimas que salieron del país

8 agosto, 2020

Que se oiga la voz de las víctimas que salieron del país

Por: Lizneira Roncancio Arias. Colaboradora Pares.

Como de rastreros, han calificado los ataques contra la Comisión de la Verdad. Y aunque es un término coloquial, no se puede considerar de otro modo. Los Comisionados, todos sin excepción, son personas de reconocida trayectoria, sus hojas de vida son una entrega al altruismo, al ideal de país que desde hace mucho tiempo deseamos y buscamos afanosamente. Así se percibe en cada palmo y en cada actividad que hace parte de la experiencia y trayectoria de quienes la conforman.

Y con esa misma entrega y honestidad ha sido el trabajo realizado para La Comisión de la Verdad: con mucha responsabilidad, humanismo y seriedad, hasta el punto de franquear fronteras para recoger los testimonios de quienes en aras de defender su vida o atenuar el dolor, cruzaron mares y océanos, sin que el momento aciago que los obligó a partir se haya borrado de sus mentes, porque en su equipaje se colaron esos recuerdos nefastos que hoy como un puzzle la Comisión de la Verdad está armando.

En el caso de los Nodos Europa el trabajo se ha realizado enfrentando muchos desafíos, en principio porque la meta de 800 testimonios son piezas dispersas por todo el mundo, una misión que se está cumpliendo con gran fidelidad pues su período abarca una diversidad generacional de 30 años, los mismos que los colombianos llevamos soportando el recrudecimiento de una violencia subterránea.

“Si no hubiera salido de Colombia, ya estaría muerto”

Cada una de esas piezas tiene una fuerte carga de dolor, de desarraigo, de la tragedia que en algo ha tocado a cada hogar colombiano. Lo esencial para reconciliar ese país fracturado es conocer la verdad. “La verdad os hará libre”, dijo Jesús a los apóstoles, una frase que sigue alentando las luchas por la libertad, el pandemoniun de los sectores extremistas en Colombia; muchos intentos para taparla, para evadirla, para desconocerla y para restarle importancia, justamente en este momento trascendental.

“Yo sueño con una Colombia en Paz, quiero ver ese momento para regresar; es lo mínimo a lo que uno tiene derecho, porque la tierra llama”. Imágen: Pares.

Existe el deseo y la necesidad impostergable de desenterrar esa verdad oculta en muertos, fosas y desaparecidos, episodios que gravitan en la mente de los sobrevivientes y que La Comisión tiene el propósito de entregar a los colombianos. Serán la impronta de una violencia de la que estamos saturados.

Es algo en lo que todos y todas coinciden, tal como lo expresa Isabel*, una mujer del campo colombiano que vio matar a su esposo “Son imágenes que no he podido enterrar, contárselo a la Comisión ha permitido que esa carga sea más liviana”.

Son muchas víctimas que un equipo interdisciplinario, en su mayoría voluntarios, ha ubicado a lo largo y ancho de Europa y a quienes les han dedicado muchas horas y hasta días, pues es un proceso de escucha dispendioso. Hacer que las víctimas cuenten su versión de los hechos es una circunstancia que no se puede forzar, hay que entrar en confianza con la persona, para muchas han pasado años y aunque es un recuerdo imperecedero contar esa verdad requiere un esfuerzo emocional que va acompañado de sufrimiento y muchas lágrimas, es como abrir nuevamente la herida.

Así lo relata Kristian Herbolzheimer Director del Instituto Catalán Internacional para la Paz ICIP, el organismo que asumió la función de Secretaría Técnica de los Nodos en Europa y que tiene al médico vasco en calidad de Comisionado como su Consejero, dada su experiencia en Justicia Transicional y encargado del tema exilio o Macro-territorial quien desde hace unos años a través de la Taula Catalana apoya y acompaña a mujeres migrantes en Barcelona. “Un trabajo que implica mucha responsabilidad”, agrega Kristian.

“Dar el testimonio a la Comisión fue compartir mi dolor”

Vale la pena destacar el aporte y trabajo decidido de varias organizaciones, todo el activismo de ONGs de víctimas que existen en Europa, así como de GESTAPAZ, (La Taula Catalana por la Paz y los Derechos Humanos en Colombia, que representa una significativa cooperación del gobierno catalán), la asistencia de la Diáspora colombiana y organizaciones de refugiados dispersas por España, Suiza, Suecia y Francia, países de reconocida trayectoria en acompañamiento de procesos de paz, derechos humanos y reconciliación en el mundo, que han acompañado el proceso de paz en Colombia.

Han sido apoyos fundamentales en varias direcciones, desde lo académico, lo logístico y lo económico, ya que los recursos hemos tenido que buscarlos, porque además de la toma de testimonios se han realizado encuentros y grupos de trabajo internodal especialmente en el tema de género, como una forma de articular todo los aspectos que implica la migración y sus secuelas psicológicas y sociales dadas a lo largo de todos los años del conflicto.

“Mi decisión de salir me llevó tiempo, porque es dejar muchas cosas, pero la presión que se siente por pensar diferente pesa mucho”.

Las víctimas se sometieron a esa catarsis, para cumplir el más importante de los componentes del proceso de paz, porque todas y todos los que se sentaron en la Mesa de negociaciones en La Habana estuvieron de acuerdo en la importancia de la verdad para el proceso de reconciliación; saber por qué ocurrieron los hechos, por qué hubo tantos inocentes convertidos en víctimas a quienes ni el tiempo ni la distancia ha logrado sanar esa herida; por qué muchos colombianos tuvieron que dejarlo todo para protegerse, un aspecto que la Comisión quiere ayudar a reparar en aras de uno de sus principios de “No repetición” y con el objeto de abarcar todas las dimensiones de las secuelas del conflicto.

“Es difícil salir de nuestro país y adaptarse a otra cultura, otro idioma, sin familia, sin amigos y con un dolor a cuestas”.

Un componente que hemos tenido que asumir es lograr que la sociedad entienda por qué los colombianos tuvieron que salir huyendo de su país, en ello es importante el compromiso de los Consulados –se exceptúa el Catalán-, que estén en disposición de hacer su trabajo logístico, pedagógico y psicosocial en los procesos de resiliencia, pues es un trabajo que exige un alto sentido humanitario para borrar o al menos atenuar los insondables traumas producto de tanta barbarie que siguen grabados en la mente de los colombianos dice Kristian Herbolzheimer, ese es otro desafío, hay que buscar aliados que crean en el proceso, es una labor de responsabilidad y rigurosidad.

“Yo sueño con una Colombia en Paz, quiero ver ese momento para regresar; es lo mínimo a lo que uno tiene derecho, porque la tierra llama”.

El Acuerdo se instauró con la posibilidad de encontrar ese nuevo orden democrático, con justicia social, con propuestas conciliadoras y fórmulas pacifistas, incluidas dentro del proceso de Justicia Transicional cuya principal herramienta es la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición.

Lamentablemente para algunos sectores, especialmente para el que ostenta el mandato, este proceso no ha contado con el apoyo suficiente, por el contrario, lo sienten como una amenaza, le desconocen el compromiso adquirido y como tal el apoyo ha sido débil, tal como ha quedado evidenciado en los continuos ataques hacia la JEP, ente rector y protector del Acuerdo de Paz.

Sin embargo, la Comisión de la Verdad y sus 15 Nodos dispersos en diferentes ciudades de Europa, avanzan en el compromiso adquirido con voluntad y modestia, a pesar de los grandes retos que ha representado la toma de los testimonios. Fundamental ha sido la solidaridad y el aporte de varios países que hacen parte de la Diáspora, de los activistas y de los voluntarios, ello, gracias a un equipo que cree que esta labor es trascendental para la reconciliación de los colombianos y la construcción del nuevo país.

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*La identidad ha sido cambiada por seguridad


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