«El gobierno de Duque no tiene pueblo, tiene fusiles»

18 septiembre, 2020

«El gobierno de Duque no tiene pueblo, tiene fusiles»

Por: Ariel Ávila. Subdirector de Pares.

«Al uribismo no le interesa para nada que exista una movilización social en Colombia porque, en segundo lugar, no solamente les molesta la verdad, sino que les molesta que la sociedad se mueva. Detrás de muchas de estas personas, y usted lo puede ver en las redes y en el Congreso de la República, hay gente que aplaude que hayan disparado contra los manifestantes.»

En su programa de El Poder, el subdirector de Pares entrevistó al senador y líder político Gustavo Petro, sobre el gobierno de Iván Duque, el papel que ha desempeñado la alcaldía de Bogotá, los excesos de la Policía y las alianzas políticas en miras a las elecciones de 2022, entre otros temas.

Ariel Ávila: ¿Cuál es el análisis del manejo de esta crisis después de la semana pasada en Bogotá?

Gustavo Petro: El Gobierno desastroso. Yo creo que Duque en su crisis de legitimidad en esa medida viene construyendo su poder sobre la base del ESMAD, de los fúsiles para ponerlos en términos más gráficos. No tiene pueblo, tiene fúsiles. Y bajo esa óptica ha concentrado poderes; domina el Congreso, domina la Procuraduría, Defensoría, Fiscalía, va por el Banco de la República y ha intentado tomarse la justicia, como un proyecto incluso uribista para salvar al jefe del uribismo con relativo éxito.

Acaban de elegir un magistrado ante la división de fuerzas democráticas del Congreso de la República. Acaban de elegir un magistrado de ellos en la Corte Constitucional, es decir, hay una concentración del poder público, que es propio de los regímenes autoritarios, dictatoriales, etc., pero eso no se puede basar más que en fúsiles.

La demostración que ha dado Duque es la del apoyo a ciegas, a la tolondra, como sea, a unos acontecimientos y a una institución como la Policía, sin analizar qué es lo que está pasando ahí, sin intentar una reforma a profundidad, sin cobrar en quienes cometieron por acción y por omisión esos delitos. – “El que la hace la paga”-, dijo en un principio, y no es “el que la hacen lo premian”. Eso es lo que está pasando en el Gobierno actual de Colombia.

A.A: Senador, ¿usted cree que esta violencia que vivimos la semana pasada en Bogotá va a hacer que la gente tenga miedo y que no salga a protestar? ¿Ese es el mensaje que querían enviar? ¿O cuál es el futuro de la protesta social? Usted ha convocado una protesta, convocó también al Partido Verde.

G.P: Yo estuve repasando mis trinos de esos días, de esas horas intensas porque uno las va viviendo, viendo a ver si había escrito alguna falsedad, si las críticas que se me hacen eran relativamente ciertas y encuentro que todo lo que se escribió se ajusta a la realidad de lo que pasó y que aceptó desde algunos sectores de la sociedad que están en todos los estratos -obviamente entre más poderoso el estrato es con mayor profundidad-, les molesta: uno, la verdad.

Este es un tema generalizable, además, podríamos hablar de la parapolítica, del paramilitarismo, de Uribe, de muchos temas, pero les molesta la verdad, les molesta saber en qué tipo de régimen es que están viviendo y apoyando. Hay un sector de la sociedad que apoya toda esta barbarie.

En esa medida a ese sector no le interesa para nada que exista una movilización social en Colombia porque, en segundo lugar, no solamente les molesta la verdad, sino que les molesta que la sociedad se mueva. Detrás de muchas de estas personas, y usted lo puede ver en las redes y en el Congreso de la República, hay gente que aplaude que hayan disparado contra los manifestantes.

Creen a ciegas y si no creen igual lo expresan así; el pensar que un manifestante es un guerrillero, entonces porque expresa una indignación incomoda o violenta, porque las hubo, pero violencia de menor proporción de la que desplegó el Estado, entonces les molesta y les parece que lo que debería hacerse es lo que se hizo: disparar. – “Plomo es lo que hay»-, decía un ciudadano por ahí.

Usted ve periodistas que sobre la acción justa de los indígenas tumbando una estatua de quien los torturó y los mató salen a exclamar que cómo es posible eso, pues a ellos no les interesa la movilización de la sociedad, quieren seguir así. Unos por el espíritu de esclavos que tienen, otros porque se benefician con la situación actual, han apoyado la situación actual. La situación actual es de ignominia, es de barbarie, es un fracaso total de una crisis a la que han conducido a la sociedad económica tanto económica como socialmente.

En tercer lugar, y esto tiene que ver ya conmigo, les da mucho temor el cambio. A ese cambio lo llaman de diferentes formas como para tratar de legitimar el temor al cambio; le dicen comunismo, castrochavismo, incluso, los nazis se inventaron la palabra judeo-bolchevismo, que más o menos es lo mismo, entonces se dedicaron a matar judíos y bolcheviques y a todo lo que sonara diferente, hasta a los gais los iban pintando de judíos o de bolchevique y lo iban matando, así hasta que mataron 50 millones de personas.

Eso mismo sucede aquí, hay un temor al cambio que nace de razones y tiene sus explicaciones. Primero, la tendencia del ser humano a quedarse como está, la inercia, el amor a la inercia que provoca miedo al cambio. Y, segundo, la crisis misma, porque ya todos sabemos que no podemos vivir como estamos, que esto se derrumbó de verdad, que hay un país en ruinas, etc., que la clase media se empobreció, que el estrato 3 ya no es el estrato 3 de clase media que la izquierda hizo en Bogotá, sino que hoy padece hambre, y ese temor también se vuelve un temor al cambio. Quisiéramos vivir como antes en tranquilidad, pensamos, pero nunca hemos vivido en tranquilidad.

A.A: ¿Me está diciendo que hay una estrategia contra usted para pintarlo como un populista, para causar miedo, o sea, usted me está diciendo que de eso hay una estrategia en este momento?

G.P: No, eso también existe obviamente, pero en medio del tema general porque cuando hablo del temor al cambio es en general, todo lo que represente cambio se ve visto por un sector de la sociedad, no por toda la sociedad, como algo que se debería extirpar. Y no solamente es Petro, Petro está dentro de ese espectro, pero también, por ejemplo, el líder sindical, el líder juvenil, o los muchachos que en Envigado le quieren decir a la Policía en el CAI que no debe haber violencia policial, pero en ese escenario un sector de la sociedad sale es a criticar a los muchachos, y entonces bajo eso son los muchachos a los que hay que tenerles temor, o sea a sus propios hijos.

Acuérdese usted el video del señor que sale con correa en mano, es entendible, explicable, porque le da temor, miedo, y eso tiene que ver con su pregunta, porque el miedo lo desemboca dándole correazos a su hija porque ella fue a defender sus derechos ciudadanos, porque el derecho a protestar es un derecho ciudadano universalmente reconocido y nadie tiene porque a matar a alguien porque salga a protestar y tampoco pegarle un correazo, pero eso fue difundido por todos los medios de comunicación; un sentimiento explicable pero mal encausado del padre como para decir: “oigan, papás, hagan todos lo mismo” con todos estos muchachos que no quieren aguantarse el régimen que tenemos.

Todo esto es en general, obviamente yo estoy ahí. Hay que decir que hubo una cantidad de trinos falsos que se distinguen por que al @petrogustavo le ponen la p mayúscula. No pueden sacar trinos míos incitando a la violencia, sino que tiene que hacerlos para hacer ver que yo invitando a la violencia, cuánta gente se cree ese cuento, pues muchos y eso genera una cadena de retroalimentación.

Lo que significa todo esto es que si nos quedamos quietos “nos lleva el chiras”, como dice el dicho popular, porque esto sí va hacia una dictadura, hacia un quiebre institucional, hacia unos niveles de barbarie intensos e inmensos que hay que detenerlos.

A.A: Para terminar este primer bloque: ¿Cómo le parece la gestión de la alcaldesa? ¿La invitación que usted le hizo? Y ¿Cómo ve lo que viene para Bogotá en las marchas los próximos días?

G.P: En términos generales ustedes conocen mi opinión. Ella rompió el acuerdo programático que hizo con nosotros antes de elecciones, que giraba alrededor de la educación superior gratuita y pública, y también del metro elevado, es decir, nosotros pedíamos el metro subterráneo y la electrificación del transporte.

Realmente lo que ha sucedido después de su triunfo es que esto es un gobierno peñalosista, es el modelo de Peñalosa lo que se está implementando en la ciudad. Eso me separa de ella en términos programáticos. ¿Por qué pienso así? Porque creo que el modelo de Peñalosa solo beneficia a dos grandes sectores económicos muy minoritarios: el de los especuladores de la tierra y el de los propietarios privados del transporte público que se mueven alrededor del Transmilenio. Todo el dinero que se está buscando en Bogotá va hacia hacer troncales de Transmilenio.

Pero en los días particulares, que nos convoca a esta entrevista, en estos días que han pasado la verdad yo me siento confuso porque lo primero que uno ve es una actitud sediciosa de la Policía, incluso yo creo que sediciosa contra la línea de mando nacional de la Policía.

Yo creo que la cúpula de la Policía no dio la orden de matar, es culpable por omisión, que igual es delictivo, pero digamos que hayan dicho “maten toda esa gente”, no creo. Creo que hubo fue una sedición que tiene que ver más con lo que se mueve en la Policía alrededor de los CAIs y las redes criminales que se han construido incluyendo al CAI en muchas localidades de Bogotá, que yo analicé en una columna y además lo vi como alcalde de Bogotá, lo saco es de mi propia experiencia.

Territorializar la Policía, que siempre estuve en desacuerdo con eso, lleva a que se llegue a una policía mal paga, mal preparada, mal educada, a el contacto de gente que tiene mucho dinero ahí en el cuadrante, que son básicamente los dueños de la olla, así hay una alianza entre olla y CAI. Eso se degrada, el CAI se va volviendo un centro de tortura, de violación y la juventud va viendo eso y la indignación crece, y eso se expresó ese día.

Esa actividad sediciosa de la Policía yo la vi como contraria a la Alcaldía, porque supuse que la Alcaldía no estaba de acuerdo con ese tipo de tratamiento a la protesta. Los trinos salían, efectivamente, mostraban una realidad porque un alcalde por muy emburbujado que esté por sus asesores y los jefes de Policía se da cuenta a través de sus redes. Siempre hay alguien que le dice a uno: -vea, eso que le están diciendo ahí no es cierto, lo que está pasando es esto y esto-, y entonces uno tiene que tomar decisiones.

Cuando a mí me tocó la decisión que yo tomé en alguna oportunidad fue irme al tierrero y confiar en la gente, eso sirvió. Pero aquí yo supuse que eso pasó y la alcaldesa quedó emburbujada y en la práctica quedó como una especie de golpe de Estado. Ella misma lo dijo en un trino.

Entonces propuse que con ella y su partido hiciéramos una gran movilización. ¿Por qué una gran movilización? Porque eso quita la violencia o la disminuye. Si usted tiene ese movimiento nihilista de los jóvenes indignados contra los CAIs dispersos por la ciudad ocurren dos cosas: primero,violencia por parte de los protestantes, no de la misma proporción de la que reciben del Estado que mató. Y, segundo, se es vulnerable a esa violencia del Estado.

En cambio, en la gran movilización multitudinaria las circunstancias de violencia tienden a disminuir; la Policía no se atreve a golpear, o la población misma siente tanta fuerza que su propia magnitud que no se va hacia actitudes nihilistas ni violentas.

Eso fue lo que yo propuse y la respuesta real, sin que me lo hubieran dirigido directamente, fue el acto de reconciliación donde las víctimas se arrodillaron antes los victimarios. Después el video que usted saca. Y hoy la alcaldesa está recorriendo los CAI dando plata para quien hable sobre quiénes pintaron los CAI y los quemaron. Esto, mientras la cúpula de la Policía en la plenaria del Senado, antes de ayer, dijo que la alcaldesa sabía todo lo que estaba aconteciendo y que no ordenó que no se usaran armas de fuego. Eso fue lo que dijo la cúpula nacional de la Policía.

Entonces yo quedé en las dudas porque aquí hay dos circunstancias: o hubo un golpe de Estado, de hecho, en la práctica y con una actitud sediciosa de la Policía en contra de la alcaldesa, pero en contra de la ciudadanía, con lo cual la alcaldesa lo que debe es restituir su mando a partir de la movilización ciudadana pacífica. O, ella no dijo toda la verdad, ella supo los acontecimientos y simplemente por temor o por falta de decisión no tomó lo que debía tomar, que era hacerlo público y pedir las sanciones respectivas.

Independientemente de la alcaldesa y de sus intentos de afirmar su mensaje de violencia contra la sociedad a partir de fortalecer una Policía que no reforma, que mantiene las tendencias de la barbarie en su interior, la única respuesta que tenemos en toda Colombia para defender la democracia, para que se restituyan democracias y libertades tal cual la Constitución del 91 lo prescribe es con una enorme movilización ciudadana, pacífica, pero contundente por su magnitud.

Eso no es que yo la convoqué, porque yo no quiero asumir ese tipo de papel, es la sociedad la que se tiene que autoconvocar, de hecho, lo viene haciendo y está creciendo, yo quiero que crezca porque eso es lo que evita la violencia, si se mantiene en grupos pequeños lo que tenemos es violencia y muerte. Las centrales obreras acaban de convocar a una gran movilización al estilo de ellos para el 21, ahí yo creo que va a haber una más grande movilización popular el 21 de septiembre y crecerá esto en octubre y en diciembre.

Es necesario esto porque hay que restablecer la democracia, porque la crisis que tiene Colombia, que todos vivimos producto de la pandemia y el error enorme del Gobierno en su tratamiento y en el tratamiento de la política económica; ayer mismo decían que de la plata que destinaron para subsidio de nómina para empresarios, el 40% de los recursos se fue al 0.7% de las empresas beneficiadas que son el 0,09% de las empresas en total de país, eso es además ser torpe porque así no se activa la economía, eso es destruirla completamente.

Esa crisis tiene dos caminos; el sálvese quien pueda, que termina en el nihilismo y la violencia, una violencia sin efectividad. O, encausarla hacia transformaciones democráticas de Colombia, lo que implica una gran movilización, seria, coordinada, potente y pacífica. Yo voy por esta segunda opción y en eso van avanzando muchas fuerzas sociales y políticas del país.

A.A: Cuando usted dice que le apuesta a una movilización grande, masiva, la pregunta es: ¿qué van a pedir? Cuando habla de restablecer la democracia ¿qué significa eso? ¿Por qué dice que vamos hacia una dictadura? ¿Cuál es el camino?

G.P: Dictadura se define como concentración del poder público. Cuando una persona o una entidad, etc., concentra todo el poder público en sí mismo eso se llama ya una dictadura: concentración del poder público.

Hoy eso existe, ha sido una tendencia general de la política tradicional colombiana que no es democrática, con este siglo han cerrado el camino a democratizar la constitución, pero hoy, y sobre todo en los regímenes uribistas que han estado sobe todo en este siglo, se ha concentrado más el poder público. Lo hizo Uribe, lo hizo Duque, y no podemos sacar a Santas completamente de ahí; Santos fue un poquito más torpe en eso porque elegía a sus propios enemigos. Entonces generó más un espacio democrático, pero a favor de la extrema derecha.

Pero digamos el uribismo concentra el poder público y Duque tiene una especificad y es que es profundamente débil. A Duque le tocó vivir la destorcida, la caída del modelo neoliberal en el mundo, y eso en el neoliberalismo hay que explicarlo como una forma de capitalismo salvaje, capitalismo desregulado, entonces no se le ponen límites ni ambientales, ni espirituales, ni de derechos, sino que todo lo arrasan en función del neoliberalismo; arrasa al Estado, arrasa lo público, la propiedad común, los sentimientos, los derecho, pero ese régimen que fue dominante en el mundo entró en caída, ya no se sostiene. Entro en crisis.

A Duque le tocó vivir eso y él no está preparado. Él era un muchacho que lo que le gustaba era hacer shows artísticos en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington y nunca supo qué era este país realmente, y entonces él no está preparado y delega todo en quienes considera sus maestros políticos, que básicamente son sus amigos más a la extrema derecha del uribismo.

Eso, conjuntamente: concentración del poder, no preparación, crisis y extremas derechas lleva a Duque es a fundamentarse fundamentalmente en los fúsiles, en la barbarie y eso se llama dictadura.

A.A: ¿Cuál es el camino de Duque en el futuro? Es decir, tiene a su jefe en un proceso judicial, seguramente va a quedar libre el próximo martes, vamos a ver eso cómo le sale, pero sus fuerzas políticas en el Congreso plantean una reforma a la justicia, pero no la han presentado. En el Congreso pareciera que la agenda legislativa del Gobierno no existe. ¿Cómo prevé los próximo 18 meses para el Gobierno Duque?

G.P: El Gobierno no tiene capacidad de acción que no sea la violencia, es un poco repetir la respuesta, pero en condiciones en las que ya la gente no aplaude esa respuesta. No tiene la capacidad de respuesta Duque y esa es la explicación de la crisis, si fuera un gobierno capaz así fueran difíciles las circunstancias se encamina en unas salidas. Este no, este va hacia un camino ciego.

Va a llegar un momento, si es que ya no llegó, en el que van a reflexionar si les conviene que haya elecciones en el 2022. Ese va a ser un tema que ya vivió países como Bolivia y Ecuador, donde eliminan partidos políticos para mantenerse en el poder con minorías. Son dictaduras, pero no se reconocen como tal. Eso va a pasar en Colombia, por ejemplo, nuestra fuerza política ha querido ser eliminada, no tiene personería jurídica, igualito que pasa en Colombia y en Ecuador.

Además, también hay una persecución judicial, que en mi caso han querido, pero han fracasado, pero va a haber un momento en que ellos examinen seriamente si pueden asumir las elecciones del 2022 y Duque va a estar ahí metido en ese rollo que lo llevaría al quiebre institucional. Hasta ahora ellos han venido cooptando la institucionalidad y concentrándola, pero va a haber un momento en que, por su propia incapacidad de no poder dar salida, porque para darle salida a la situación actual de Colombia hay que hacer unos quiebres en política económica y social que llevan necesariamente a más justicia.

Cuando usted habla de la renta básica, del subsidio a la nómina, de reactivar la alimentación agraria, pues usted empieza a tener que quebrar una serie de fundamentos de lo que está en crisis, como depender exclusivamente del petróleo, del carbón, como mantener la libre exportación de productos alimenticios, como mantener una economía en manos de los banqueros o la política en manos de los narcotraficantes, todo eso necesita tener ese quiebre, pero Duque o es capaz de eso, Duque está metido en eso que provoca la crisis.

Va a llegar un momento que siendo incapaz de la solución van a pensar que su camino, su salvación, va a consistir en su perpetración en el poder que es lo que anhelan. Eso va a ser un quiebre institucional.

A.A: ¿Usted da como un hecho que el uribismo en cabeza de Iván Duque va a hacer ese quiebre democrático o lo ve como una posibilidad?

G.P: Lo veo como una posibilidad porque todo en la historia no está predeterminado. Eso depende de la gente por eso es tan esencialmente tan libre y debe ser libre, porque a esa tendencia que ya se observa; ya están concentrando el poder, ya se están basando exclusivamente en la fuerza bruta. Pero esa posibilidad de quiebre institucional existe y puede ser contrarrestado con la movilización social.

A mí me dicen que usted convoca en Twitter la movilización social, que soy incendiario, pero quién dijo que la movilización social es incendiar, incendiar es que maten a la gente en la movilización social, no que se haga movilización. La movilización es lo que vuelve viva una sociedad, la sociedad está viva si se mueve, si la sociedad no se mueve se muere. Todo lo que se aquieta se muere. La quietud eterna no es más que muerte. Nosotros queremos una sociedad viva que rescate la democracia y la libertad.

Cuando me invitan a que Colombia Humana se vuelva partido a veces me preocupa eso porque a mí me gustaría que eso que se expresó en el espíritu de la Colombia Humana y que le llegó hasta 8 millones de personas sea una sociedad en movimiento. Lo que se mueve está vivo y libre, por tanto. Aquí esa tendencia autoritaria del uribismo en crisis casi que va mordiéndose con la cola del escorpión el propio el cuerpo es para que se responda con movilización social fuerte y contundente.

A.A: ¿Iván Duque podría apartarse de Uribe? ¿Tiene capacidad de maniobra? ¿O se va a inmolar con el uribismo?

G.P: Esa creencia, que venía incluso de elecciones, de un Duque que rompe relaciones con Uribe, que se vuelve como un Santos porque usa corbata, viste de paño y le gusta la música rock, eso no es más que una ilusión; la ilusión difusa de lo que ahora se ha venido llamando centro, que no es en realidad un centro, es la apuesta a que se pueda sacar a Uribe del escenario político, pero seguir igual.

¿Qué quisiera por ejemplo un sector del grupo empresarial antioqueño? Quisieran que todo siguiera igual, es decir, el modelo extractivista para hacer grandes ganancias con el cemento, otros con el oro, el petróleo, quieren seguir generando más ganancias, que sigamos siendo el mismo país desigual, pero que ya no esté Uribe, y entonces tratan de construir figuras que hicieran eso, una de esas figuras fue Duque, y Duque ganó las elecciones fue por eso, si es que las ganó., si el fraude no fue lo suficiente como para que él no hubiera ganado las elecciones sin el fraude.

Entonces empiezan a construir esas figuras, pero esas figuras, que además son enclenques porque no son líderes reales, se terminan desbaratando. No tienen el proyecto político y socioeconómico para superar lo que se desbarata hoy. O sea, toda intención de mantener un régimen absolutamente nefasto, violento, bárbaro, se llega a un límite. Así, lo que va demandando la realidad de Colombia es la salida de eso, no solamente Uribe, sino de lo que representó Uribe.

Es que Uribe no llegó al poder porque sí, Uribe ha estado en el poder en Colombia y a través de Duque lo sigue haciendo, eso porque representa un sector de la sociedad colombiana que es la beneficiaria de todo un modelo de grandes posesiones de tierras, de hacendados, de banqueros, de traquetos. Esos son los que están en el poder.

Si uno quiere que Duque se saliera de ese redil pues Duque primero tendría que tener el talante personal, que no le tiene y que Santos sí lo tenía, por ejemplo, por su tradición familiar, su propia fortuna personal. Pero, además de tener el talante tiene que tener un proyecto político alternativo del que se saldría, así que Duque ni tiene el talante, ni el proyecto.

Santos que sí tenía el talante tampoco tenía el proyecto, entonces lo que hace Santos es continuar el régimen de Uribe, que es lo que llamamos neoliberalismo, y por eso la paz entra en una crisis, yo no sé qué tan consciente sea Santos de eso, pero la paz entró en crisis no porque Uribe ganó el plebiscito, sino porque la paz solo es posible cambiando el régimen; es desarrollar el capitalismo de una manera democrática que es lo que nosotros de alguna manera estamos planteando.

Hoy a la sociedad colombiana le llegó el momento de una ruptura histórica en contraste al comunismo o al socialismo, porque eso no es lo que está planteando nadie en Colombia, va hacia un desarrollo productivo, capitalista y profundamente democrático.

A.A: ¿Está dispuesto a hacer alianza sí o no? ¿Con quiénes?

G.P: La respuesta es sí. No solo estoy dispuesto, sino que lo propuse en el 2018, si me hubieran cogido la propuesta incluso yo creo que el presidente hoy sería o De la Calle o Fajardo, porque cuando lancé la propuesta yo no encabezaba las encuestas. Yo no hice la propuesta para mí, la hice para transformar el país a costa de no ser presidente, pero yo hubiera ayudado a quien lo iba a ser.

El sectarismo pudo más en ellos, y, sobre todo, en estos sectores políticos que se mueven más en clases medias, les dio mucho temor la posibilidad de hacer una agenda programática con transformaciones políticas y sociales construidas alrededor de la justicia social, que era lo que nosotros representábamos. Ese temor los llevó a separarse, al triunfo de Duque y a lo que estamos viviendo.

Hoy nuevamente nosotros estamos proponiendo lo mismo; un gran acuerdo programático, cuando uno habla de eso lo está proponiendo a gente que es diferente programáticamente a nosotros y esa diferencia se puede volver explícita, por ejemplo, Claudia López está reproduciendo el modelo de Peñalosa y eso se ve en los datos; si toda la plata pública es para hacer troncales de Transmilenio y la plata de las universidades subsidiando a las privadas, pues eso es Peñalosa.

Nosotros tenemos otra postura, y para hacer las alianzas no nos vamos a callar, ni a ocultar. Un acuerdo programático es un acuerdo entre diferentes. Por ejemplo, se puede discutir sobe la Ley 100 y llegar a un acuerdo si nosotros podemos construir un modelo preventivo manteniendo un pedazo de la Ley 100 vigente. Lo mismo se puede hacer en pensiones manteniendo un sistema mixto, pero con unos ejes fundamentales que garanticen el derecho a la pensión.

Hay unas diferencias que hay que hacer públicas porque justamente el acuerdo se hace acercando y construyendo los puentes, no en la retórica, sino en los programas, en el que hacer para un gran acuerdo democrático en Colombia. Nosotros estamos dispuestos a eso, a la consulta popular interpartidistas de candidatos presidenciales, el que diga la ciudadanía será el candidato presidencial de ese programa, y por tanto el gobierno tiene que ser plural si sale elegido.

Incluso vamos más allá, creemos que como en Chile debemos lograr varios gobiernos para una transición democrática en Colombia hacia la justicia social, y un régimen de democracia y libertades.

A.A: ¿Usted se aliaría con Sergio Fajardo?

G.P: La respuesta es sí. Pero en un acuerdo programático, por ejemplo, si hablamos de salud y pensión como lo dijimos hace un momento. El grupo Sura, que es una EPS y Protección, que es un fondo privado de pensiones, ambos del grupo empresarial antioqueño tiene que tomar una decisión: mantienen los regímenes actuales y se colocan entonces en oposición a una salida democrática en Colombia o permiten un acuerdo democrático que incluye la reforma del sistema pensional y de salud.

¿Por qué menciono esto cuando usted nombra Sergio Fajardo? Primero, porque Fajardo ha estado financiado por ese grupo empresarial y lo llevó al desastre de Hidroituango. Y, segundo, porque en la campaña electoral de 2018, él y su fórmula vicepresidencial, Claudia López, fueron a una reunión con estos empresarios y otros más, donde colocaron los empresarios un veto que era que con Petro no, no por lo de Venezuela, sino porque conmigo tenía una reforma del sistema de salud y pensiones. La pregunta hay que hacérsela a Fajardo: ¿Estaría dispuesto aun si sus financiadores no se lo permiten a hacer un acuerdo democrático con nosotros en estos términos? Y si él es el candidato presidencial y luego presidente, ¿estaría dispuesto a desarrollar estas reformas que son fundamentales?

A.A: ¿Usted le tiende la mano a bloque de Fernando Carrillo, Roy Barreras y Juan Fernando Cristo? ¿Y al bloque político de Cesar Gaviria?

G.P: La respuesta es sí. Ya hemos venido hablando, incluso a todo el Partido Liberal en su conjunto, pero siempre sobre la base de un acuerdo programático. Con este sector que nombra incluso es más fácil que con Fajardo porque son más conscientes de la necesidad a las reformas a la Ley 100, tanto en pensiones como en salud, y a la necesidad de una reforma agraria en Colombia que son banderas sustanciales, que hemos defendido en la Colombia Humana.

Son más proclives porque lo han vivido, porque lo han discutido en el Congreso de la República. Les atemoriza un poco el tema de la propiedad privada sobre los medios de producción, pero nosotros no vamos a tocar para nada y tampoco está en nuestro proyecto estatizar los medios de producción en Colombia.

A.A: ¿Usted va a tener una lista abierta o cerrada al Congreso de la República?

G.P: Yo he propuesto, no sé si se vuelva realidad, depende de los cambios de ley ahora, que para el año entrante se hagan unas grandes elecciones primarias, donde la ciudadanía elija el orden y los/as candidatos/as de una gran coalición que decida cambiar el Congreso.

No se puede cambiar la presidencia si no se cambia el Congreso, si no los parlamentarios corruptos le darán un golpe de Estado al presidente que quiera cambiar a Colombia, por tanto, ahí está la primera tarea y eso se hace con una lista de convergencias de todos los que quieran cambiar ese Congreso para ponerlo al servicio de los derechos de la ciudadanía. Yo me inclino por una lista cerrada y cremallera, que significa que la mitad de los elegidos vendrían a ser por la alternancia mujeres. Si no estoy dispuesto a hacerla abierta.


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Artículo por: Ariel Ávila @ArielAnaliza | Publicado: Hace 1 mes

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