Bandas venezolanas: una alarma encendida

22 octubre, 2020

Bandas venezolanas: una alarma encendida

Por: Isaac Morales y Alexander Salom.

La reciente ola migratoria producto de la crisis social, política y económica que vive el país vecino de Venezuela, ha obligado a cientos de miles a desplazarse a varios países de Latinoamérica en busca de un mejor futuro, Colombia no ha sido la excepción. Casi dos millones de venezolanos han entrado al territorio nacional, la gran mayoría con intenciones de progreso y crecimiento laboral o económico; sin embargo, también han emigrado organizaciones y bandas delincuenciales, dedicados a negocios ilícitos y con una tradición sangrienta.

La situación es preocupante por dos factores. En primer lugar está la estrategia institucional que se orienta al ataque de los eslabones pequeños y líderes de estas organizaciones, que eventualmente son reemplazados y el repertorio criminal continúa. Y en segundo lugar, la escasa cooperación binacional dificulta acciones concretas por parte de los organismos de seguridad para controlar estas organizaciones, sumado a una frontera porosa propicia para el tráfico de armas, personas y drogas. Una frontera sin Dios ni ley. Imagen: Pares.

Vale la pena advertir que no es la intención de este artículo estigmatizar ni señalar a la población migrante venezolana que hoy reside en Colombia, sino reseñar la presencia y acciones que estas organizaciones han desarrollado en el país, ya que han llegado a tener cierto grado de incidencia en los indicadores de seguridad y en la percepción de inseguridad en algunas ciudades del país, donde se han registrado enfrentamientos entre estas.

En primer lugar se ubican las organizaciones conocidas como “Los Yeico Masacre” y “la Banda de Willy Melean”, más conocidos como “Los Melean”, los primeros reconocidos por publicar en la red social Instagram fotos y videos de sus acciones, asesinatos y el porte y uso de armas de fuego. Estas bandas tomaron gran relevancia en la opinión pública tras declaraciones del Secretario Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia, Hugo Acero, quien denunció que producto del enfrentamiento de estas bandas delincuenciales extranjeras se habían presentado aumentos en las cifras de homicidios en Bogotá.

Por otra parte, se filtró un video en el cual se aprecian cuatro sujetos armados y con los rostros cubiertos, dos de estos con rifles, identificándose como de «Los Yeico Masacre”, en el cual amenazaban de muerte a cualquiera que interfiera en sus intereses, “todo aquel que ande de brollero y de sapo, lo vamos a partir…” de esta manera se expresaban mientras sostenían el armamento pesado.

Según el Secretario distrital, cerca del 9,5% de los asesinatos registrados en Bogotá durante el primer semestre de 2020 corresponde a extranjeros venezolanos, evidenciando la confrontación de estas bandas en algunas zonas de la ciudad por el control del microtráfico; pero también debido a la instrumentalización de los migrantes para hacerlos parte de actividades ilícitas.

Estas bandas han sido reconocidas por su alto nivel de sevicia en público, grabando decapitaciones y desmembramiento de cuerpos, replicando los videos en Venezuela como advertencia a quienes decidan enfrentarlos. Este nivel de brutalidad ha encendido las alarmas de todas las autoridades policiales y judiciales en Colombia, ya que se teme una gran escalada de violencia producto del enfrentamiento entre ambos grupos por el control de las economías ilegales, especialmente en la distribución de drogas, buscando cooptar territorios estratégicos para el microtráfico y el narcotráfico.

Según Hugo Acero, Secretario distrital de Seguridad, cerca del 9,5% de los asesinatos registrados en Bogotá durante el primer semestre de 2020 corresponde a extranjeros venezolanos, evidenciando la confrontación de estas bandas en algunas zonas de la ciudad por el control del microtráfico; pero también debido a la instrumentalización de los migrantes para hacerlos parte de actividades ilícitas. Imagen: Pares.

Entre sus orígenes ambas bandas se remontan a “Los Pranes” como se conoce a los grupos delictivos, conformados por reclusos que tienen el control de las cárceles en Venezuela, responsables de homicidios, tráfico de alcohol, armas y drogas, dentro de los penales, en general, del control total en diversos centros penitenciarios del país vecino; se sabe que algunos de los líderes e integrantes de estos dos grupos estuvieron detenidos y desarrollaron sus actividades delictivas desde las cárceles venezolanas.

Una tercera banda extranjera es conocida como “Los Chivos” que hace presencia en el corregimiento de AltaVista en Medellín, aunque no tiene un origen propiamente venezolano, actualmente está siendo dirigida, coordinada e integrada por extranjeros venezolanos. Sobre esta organización, las autoridades locales y policiales deben poner la lupa, ya que han irrumpido en el Valle de Aburrá con tal fuerza que han enfrentado a bandas de vieja data como herederos de la Oficina de Envigado e incluso de las AGC o Clan del Golfo expulsándolos de algunos sectores. «Los Chivos» operan con el mismo nivel de sevicia y atrocidad de las dos primeras bandas mencionadas.

La Costa Caribe tampoco está exenta de la presencia de organizaciones delincuenciales de origen venezolano. En Barranquilla y su área metropolitana se ubica un brazo la denominada banda “Los Melean”. A principios de año fue asesinado Hugo Enrique González Rico, alias “Kike”, cabecilla de «Los Melean» y que había llegado desde Venezuela a un exclusivo sector del área metropolitana de Barranquilla, conocido como Villa Campestre.

Tras este asesinato, se capturaron tres colombianos presuntamente involucrados en el crimen e integrantes de la estructura criminal denominada “Los Pran”, dedicada al narcotráfico con alcance binacional entre Colombia y Venezuela a través de rutas del comercio ilícito de drogas en la Guajira. Parece ser que estas dos organizaciones se han estado disputando sitios estratégicos de la capital del Atlántico para el microtráfico y trasladando viejas disputas desde el país vecino.

Por otra parte, aunque «Los Yeico Masacre» han intentado entrar a disputar territorio en localidades del suroccidente barranquillero, esta no lo ha podido hacer debido a la fuerte presencia de “Los Costeños” un GDO con mayor control en esta zona; lo que ha ocurrido es que «Los Yeico» son subcontratados por «Los Costeños»: un ejemplo de ellos es el caso de Tommy Masacre, uno de los integrantes de «Los Yeico» que fue contratado por alias “Luchito” de «Los Costeños» para desarrollar labores criminales tales como el cobro de extorsiones y asesinatos en la ciudad.

Asimismo, los Grupos Armados Organizados de mayor alcance y estructura criminal como «Los Pachenca» en Santa Marta y el «Clan del Golfo» en Cartagena, acuden a estas organizaciones migrantes para contratar sus servicios de mano de obra criminal relacionada con el negocio del narcotráfico, aunque también se dedican a otras actividades ilícitas como el cobro de extorsiones y el ajuste de cuentas, fortaleciendo la presencia de estos GAO en la Costa Caribe.

En definitiva, aunque ha habido un avance significativo en labores de inteligencia para la identificación de estas organizaciones, resulta preocupante que ha sido bajo el grado de judicialización de los responsables de materializar estas confrontaciones, tales como los asesinatos por venganzas internas.

Esto agrava aún más la situación de seguridad en algunas zonas del territorio, ya que, a los grupos delincuenciales nacionales que representan una amenaza latente a la convivencia y seguridad ciudadana, ahora se suman nuevos actores.

La situación es preocupante por dos factores. En primer lugar está la estrategia institucional que se orienta al ataque de los eslabones pequeños y líderes de estas organizaciones, que eventualmente son reemplazados y el repertorio criminal continúa. Y en segundo lugar, la escasa cooperación binacional dificulta acciones concretas por parte de los organismos de seguridad para controlar estas organizaciones, sumado a una frontera porosa propicia para el tráfico de armas, personas y drogas. Una frontera sin Dios ni ley.


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