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El juego de ajedrez es el que estamos en Buenaventura: ¿es un problema de ángeles y demonios?

Por: Ghina Castrillón Torres. Politóloga feminista.




En los últimos días, Buenaventura vuelve a tener la atención nacional. En redes sociales y medios de comunicación se resalta el alarmante incremento de la violencia homicida, mientras no se sabe qué va a pasar con la mesa de diálogo sociojurídico entre Shottas y Espartanos que avanza con grandes dificultades. Sin embargo, me preocupa algunas formas de abordaje que hacen distintos sectores políticos pues corremos el riesgo de exigir acciones que realmente no son soluciones. Frente a este escenario, hay tres elementos que considero que son claves para reflexionar:


Primero, el oportunismo de ciertas gentes en el escenario político insistiendo en hacer un llamado al gobierno nacional para que militarice, como si esa fórmula hubiera funcionado en el pasado, olvidando que la historia reciente de Buenaventura y de otras regiones del nos ha demostrado que la presencia militar es insuficiente para enfrentar a los actores armados ilegales, y que por el contrario, el despliegue de más armas en el territorio afecta las dinámicas comunitarias generando un gran riesgo para los derechos humanos de la población civil.

La seguridad no se construye con más fusiles en las calles, sino con estrategias integrales que ataquen las causas estructurales del conflicto. Entiendo que esto pueda sonar abstracto y a largo plazo, porque tenemos la costumbre de creer que la violencia se combate con mas violencia, pero ¡cuidado! el despliegue militar genera un falso sentido de autoridad que, si bien puede ofrecer una sensación momentánea de control, resulta insuficiente, y esas personas que llaman a la militarización lo saben, pero aprovechan la angustia y el desespero para profundizar estas ideas y posicionarse buscando capitalizar políticamente la situación. Estos personajes se muestran como figuras que tienen las fórmulas salvadoras, porque proponen soluciones aparentemente inmediatas, pero se aprovechan del sufrimiento de la comunidad para avanzar con sus propias agendas. Frente a esto es necesario analizar con detenimiento sus acciones, pues buscan ganancias políticas en la angustia colectiva.


Segundo, es clave preguntarnos cómo será la integración entre gobiernos local, regional y nacional, pues en las últimas semanas la alcaldesa de Buenaventura ha optado por la postura cómoda de culpar al gobierno nacional de la crisis, mientras le resta importancia a la situación, denunciando una supuesta “campaña de desprestigio” en su contra. Sin embargo, la seguridad de Buenaventura también es responsabilidad de la gestión local. No podemos seguir aceptando una narrativa donde la alcaldía se lava las manos y espera soluciones externas sin asumir su rol en la búsqueda de alternativas. De hecho, lo que hoy se vive en el territorio es suficiente para que se piense seriamente la continuidad en el cargo de ciertas funcionarias pues demostraron no responder a las necesidades urgentes de la población.



Y tercero, se debe tener especial cuidado con los absurdos eufemismos religiosos que desplazan las responsabilidades sobre lo que hoy está pasando. Comprendo y respeto el valor de la fe y la espiritualidad en contextos de crisis. Sin embargo, es preocupante que desde la alcaldía y otros sectores se insista más en llamados a rezar que en exposiciones de las acciones concretas y de estrategias de seguridad. No estamos ante una guerra entre ángeles y demonios, sino ante grupos armados con estructuras criminales bien definidas que en vez de tridentes patrullan las calles con armas reales y que operan con lógicas criminales de control territorial y económico. Cuando los liderazgos políticos e institucionales evitan llamar a las cosas por su nombre, desplazan la responsabilidad y trasladan la carga de la solución al incierto designio divino.


Las fichas del ajedrez en el que estamos no son ángeles y demonios (y estatuas de Budas en el parque), sino la inoperancia, la negligencia, el oportunismo y la falta de voluntad real para la transformación. Esta crisis no tiene soluciones mágicas. No podemos seguir aceptando discursos vacíos y no podemos resignarnos a estar en medio de un escenario violento que asesina a diario a nuestros jóvenes y nos confina en nuestras propias casas.


A propósito de los eufemismos, en Buenaventura la partida en entre fuerzas sobrenaturales.


Finalmente, la desinformación que ronda por chats es de atender con mucho cuidado, pues las redes sociales se han convertido en espacios donde se comparten cadenas y videos sin ningún control. Se viralizan mensajes de pánico y noticias, muchas de ellas no verificadas, que les hacen el juego a los actores armados pues generan aún más terror del que ya estamos viviendo. No se trata de ignorar los riesgos materiales, pero les invito a que la premisa sea siempre intentar confirmar todo antes de divulgar.


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